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San Lucas 1: 28
Para ejecutar el Altísimo este misterio entró el Santo Arcángel Gabriel, en el retrete donde estaba orando María Santísima, acompañado de innumerables Ángeles en forma humana visible y respectivamente todos refulgentes con incomparable hermosura. Era jueves a las siete de la tarde al oscurecer la noche.
Saludó el Santo Arcángel a nuestra Reina y suya, y la dijo: Ave gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus (Lc., 1, 28). Turbóse sin alteración la más humilde de las criaturas, oyendo esta nueva salutación del Ángel.

Y la turbación tuvo en ella dos causas: la una, su profunda humildad con que se reputaba por inferior a todos los mortales, y oyendo, al mismo tiempo que juzgaba de sí tan bajamente, saludarla y llamarla bendita entre todas las mujeres, le causó novedad. La segunda causa fue que, al mismo tiempo cuando oyó la salutación y la confería en su pecho como la iba oyendo, tuvo inteligencia del Señor que la elegía para Madre suya, y esto la turbó mucho más, por el concepto que de sí tenía formado.

Y por esta turbación prosiguió el Ángel declarándole el orden del Señor, y diciéndola: No temas, María, porque hallaste gracia con el Señor; advierte que concebirás un hijo en tu vientre y le parirás y le pondrás por nombre Jesús; será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Y lo demás que prosiguió el Santo Arcángel (Ib. 30-31).

Sola nuestra prudentísima y humilde Reina pudo entre las puras criaturas dar la ponderación y magnificencia debida a tan nuevo y singular sacramento, y como conoció su grandeza, dignamente se admiró. Pero convirtió su corazón humilde al Señor, que no podía negarle sus peticiones.
Y en su secreto le pidió nueva luz y asistencia para gobernarse en tan arduo negocio; porque —como dije en el capítulo pasado (Cf.supra n. 119)— la dejó el Altísimo para obrar este misterio en el estado común de la fe, esperanza y caridad, suspendiendo otros géneros de favores y elevaciones interiores que frecuente o continuamente recibía.

En esta disposición replicó y dijo a San Gabriel lo que prosigue San Lucas (Lc., 1, 34): ¿Cómo ha de ser esto de concebir y parir hijo, porque ni conozco varón ni lo puedo conocer? Al mismo tiempo representaba en su interior al Señor el voto de castidad que había hecho y el desposorio que Su Majestad había celebrado con ella.

Respondióla el Santo Príncipe Gabriel: Señora, sin conocer varón, es fácil al poder Divino haceros madre; y el Espíritu Santo vendrá con su presencia y estará de nuevo con vos, y la virtud del Altísimo os hará sombra para que de vos pueda nacer el Santo de los Santos, que se llamará Hijo de Dios.

A esta tierra el Unigénito del Padre descenderá para conversar en ella con los hombres y comunicarles los tesoros de su divinidad con la participación de las virtudes y perfecciones que están en Su ser inmutable y eterno.


Fragmentos de La Mística Ciudad de Dios por la Hermana María de Jesús de Agreda manifestado por Nuestra Señora, continuado abajo
Y advertid que vuestra deuda Elísabet también ha concebido un hijo en su estéril senectud, y éste es el sexto mes de su concepción; porque nada es imposible para con Dios (Ib. 35-37), y el mismo que hace concebir y parir a la que era estéril, puede hacer que vos, Señora, lleguéis a ser su Madre quedando siempre Virgen y más consagrada vuestra gran pureza.

Al mismo tiempo con la humildad nunca harto encarecida, inclinando un poco la cabeza y juntas las manos, pronunció aquellas palabras que fueron el principio de nuestra reparación: Ecce ancilla Domini, fíat mihi secundum verbum tuum (Lc., 1, 38).

Al pronunciar este fíat tan dulce para los oídos de Dios y tan feliz para nosotros, en un instante se obraron cuatro cosas:.

La primera, formarse el cuerpo santísimo de Cristo Señor nuestro de aquellas tres gotas de sangre que administró el corazón de María Santísima.

La segunda, ser criada el alma santísima del mismo Señor, que también fue criada como las demás.

La tercera, unirse el alma y cuerpo y componer su humanidad perfectísima.
La cuarta, unirse la divinidad en la persona del Verbo con la humanidad, que con ella unida hipostáticamente hizo en un supuesto la Encarnación, y fue formado Cristo Dios y hombre verdadero. Señor y Redentor nuestro.

Sucedió esto viernes a 25 de marzo al romper del alba, o a los crepúsculos de la luz, a la misma hora que fue formado nuestro primer padre Adán, y en el año de la creación del mundo de cinco mil ciento noventa y nueve, como lo cuenta la Iglesia romana en el Martirologio, gobernada por el Espíritu Santo.

Conforme a esto, el mundo fue criado por el mes de marzo, que corresponde a su principio de la creación.

Porque las obras del Altísimo todas son perfectas (Dt., 32, 4) y acabadas, las plantas y los árboles salieron de la mano de Su Majestad con frutos, y siempre los tuvieran sin perderlos si el pecado no hubiera alterado a toda la naturaleza.

En el mismo instante de tiempo que celebró el Todopoderoso las bodas de la unión hipostática en el tálamo virginal de María Santísima, fue la divina Señora elevada a la visión beatífica y se le manifestó la Divinidad intuitiva y claramente y conoció en ella altísimos sacramentos.
La Anunciación de Bernardo Daddi; 1335; Musée du Louvre, Paris; http://www.wga
La Anunciación de Sandro Botticelli; 1490-1492; Galleria degli Uffizi, Florencia; http://www.wga
La Anunciación de Giorgio Vasari; 1564-1567; Musée du Louvre, Paris; http://www.wga
Ave María, llena eres de gracia,
El Señor es contigo.
Bendita eres tu entre todas las mujeres, y
bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ora por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén
V. El ángel del Señor anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
     Dios te salve, María ...
V. Aquí está la esclava del Señor.
R. Hágase en mi según tu palabra.
     Dios te salve, María ...
V. Y el Hijo de Dios se hizo hombre.
R. Y habitó entre nosotros.
     Dios te salve, María ...
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
     Oremos ...
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel,
hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos,
por Su pasión y Su cruz y, con la intercesión de la Virgen María, a la gloria
de Su resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén
Rezar el Angelus mañana, tarde y noche para recordar que Dios el Hijo se hizo hombre por nuestra salvación.
25 de Marzo - Solemnidad de la Anunciación de Nuestra Santísima Virgen María
 
Este sitio está dedicado a Nuestro Señor Jesucristo
en la Santísima Virgen María
para la Gloria de Dios

se imparta (28 de Octubre, 2013)
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