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Las Santas Perpetua y Felicitas - Logrando la Felicidad Perpetua en el Cielo
Las Santas Perpetua y Felicidad - Logrando la Felicidad Perpetua en el Cielo
Las Santas Perpetua y Felicidad - Logrando la Felicidad Perpetua en el Cielo
Las Santas Perpetua y Felicidad - Logrando la Felicidad Perpetua en el Cielo
 
 
 

 
 

La Santísima Virgen María y Niño con Santas Felicidad y Perpetua (Sacra Conversazione); anónimo pintor Polaco; circa 1520; Museo Nacional de Varsovia, Polonia; commons.wikimedia.org

 
 
Santas Perpetua y Felicitas, Mártires
del Año Litúrgico, 1870

La verdadera fiesta de estas dos ilustres heroínas de la fe es el día de mañana (7 de Marzo), el cual es el aniversario de su martirio y triunfo; pero la memoria del ángel de las escuelas, Santo Tomás de Aquinas, brilla tan brillantemente el 7 de marzo, que casi eclipsa las dos gloriosas estrellas de África. En consecuencia, la Santa Sede permite a ciertas iglesias anticipar su fiesta, y mantenerla hoy. Aprovechamos este permiso y, a la vez, ofrecemos al lector cristiano el espectáculo glorioso, del cual Cartago fue la escena, en el año 203. Nada podría darnos una idea más clara de ese espíritu del Evangelio, según el cual ahora estamos estudiando para conformar toda nuestra vida. Aquí hay dos mujeres, dos madres; Dios les pide grandes sacrificios; Él les pide que le den sus vidas, más aún, más que sus vidas; y obedecen con esa sencillez y devoción que hizo que Abraham mereciera ser el padre de los creyentes.

Sus dos nombres, como observa San Agustín, son una preságia de lo que les espera en el cielo: una felicidad perpetua. El ejemplo que ellas establecen de la fortaleza cristiana, es, de sí mismo, una victoria, que asegura la fe verdadera, un triunfo en la tierra de África. San Cipriano pronto los seguirá, con su audaz y elocuente llamamiento a los cristianos africanos, para inspirarlos a morir por su fe: pero sus palabras, grandes como son, son menos conmovedoras que las pocas páginas escritas por la mano de la valiente perpetua, que, aunque con sólo veintidós años de edad, se refiere, con toda la auto-posesión de un ángel, a las pruebas que tuvo que pasar por Dios; y cuando ella tuvo que apresurarse al anfiteatro, pone su pluma en la mano de otro, haciendo una oferta que él siga donde ella se detiene, y escribe el resto de la batalla.

Al leer estas páginas encantadoras, parecemos estar en compañía de los mártires; el poder de la gracia divina, que podría producir tal heroísmo en medio de un pueblo desmoralizado por el paganismo, parece tan grande que incluso nosotros crecemos en nuestra valentía; y, al presenciar que el hecho mismo, por lo cual los instrumentos empleados por Dios para la destrucción del mundo pagano fueran frecuentemente mujeres, no podemos dejar de decir, con San Juan Crisóstomo, lo siquiente:

"Siento un placer indescriptible en la lectura de los actos de los mártires; pero cuando el mártir es una mujer, mi entusiasmo se multiplica en dos. Cuanto más frágil es el instrumento, mayor es la gracia, más brillante es el trofeo, más grande la victoria; y esto, no por su debilidad, sino porque el diablo es conquistado por ella, por quien una vez nos conquistó. Conquistado por una mujer, y ahora una mujer lo conquista. Ella que una vez fue su arma, es ahora su destructor, valiente e invencible. Esa primera pecó y murió; ésta segunda murió ya que ella no podría pecar. Eva fue enrojecida por una promesa mentirosa y rompió la ley de Dios; nuestra heroína desdeñaba vivir, cuando su vida dependía de ella rompiendo su fe a aquel que era su Señor más querido. ¿Qué excusa, después de esto, para los hombres, si son débiles y cobardes? ¿Pueden esperar el indulto, cuando las mujeres lucharon la Santa batalla con corazones tan valientes, generosos, y hasta varoniles?"

Las lecciones designadas para ser leídas en la fiesta de nuestras dos Santas, nos dan los principales incidentes de su martirio. El pasaje de la cuenta escrita por la propia Perpetua, que se cita en estas lecciones, hará que algunos de nuestros lectores deseen leer el conjunto de lo que nos ha dejado. Lo encontrarán en nuestro primer volumen de los actos de los mártires.


 
Santas Perpetua y Felicitas, Mártires
del Año Litúrgico, 1870

La verdadera fiesta de estas dos ilustres heroínas de la fe es el día de mañana (7 de Marzo), el cual es el aniversario de su martirio y triunfo; pero la memoria del ángel de las escuelas, Santo Tomás de Aquinas, brilla tan brillantemente el 7 de marzo, que casi eclipsa las dos gloriosas estrellas de África. En consecuencia, la Santa Sede permite a ciertas iglesias anticipar su fiesta, y mantenerla hoy. Aprovechamos este permiso y, a la vez, ofrecemos al lector cristiano el espectáculo glorioso, del cual Cartago fue la escena, en el año 203. Nada podría darnos una idea más clara de ese espíritu del Evangelio, según el cual ahora estamos estudiando para conformar toda nuestra vida. Aquí hay dos mujeres, dos madres; Dios les pide grandes sacrificios; Él les pide que le den sus vidas, más aún, más que sus vidas; y obedecen con esa sencillez y devoción que hizo que Abraham mereciera ser el padre de los creyentes.

Sus dos nombres, como observa San Agustín, son una preságia de lo que les espera en el cielo: una felicidad perpetua. El ejemplo que ellas establecen de la fortaleza cristiana, es, de sí mismo, una victoria, que asegura la fe verdadera, un triunfo en la tierra de África. San Cipriano pronto los seguirá, con su audaz y elocuente llamamiento a los cristianos africanos, para inspirarlos a morir por su fe: pero sus palabras, grandes como son, son menos conmovedoras que las pocas páginas escritas por la mano de la valiente perpetua, que, aunque con sólo veintidós años de edad, se refiere, con toda la auto-posesión de un ángel, a las pruebas que tuvo que pasar por Dios; y cuando ella tuvo que apresurarse al anfiteatro, pone su pluma en la mano de otro, haciendo una oferta que él siga donde ella se detiene, y escribe el resto de la batalla.

Al leer estas páginas encantadoras, parecemos estar en compañía de los mártires; el poder de la gracia divina, que podría producir tal heroísmo en medio de un pueblo desmoralizado por el paganismo, parece tan grande que incluso nosotros crecemos en nuestra valentía; y, al presenciar que el hecho mismo, por lo cual los instrumentos empleados por Dios para la destrucción del mundo pagano fueran frecuentemente mujeres, no podemos dejar de decir, con San Juan Crisóstomo, lo siquiente:

"Siento un placer indescriptible en la lectura de los actos de los mártires; pero cuando el mártir es una mujer, mi entusiasmo se multiplica en dos. Cuanto más frágil es el instrumento, mayor es la gracia, más brillante es el trofeo, más grande la victoria; y esto, no por su debilidad, sino porque el diablo es conquistado por ella, por quien una vez nos conquistó. Conquistado por una mujer, y ahora una mujer lo conquista. Ella que una vez fue su arma, es ahora su destructor, valiente e invencible. Esa primera pecó y murió; ésta segunda murió ya que ella no podría pecar. Eva fue enrojecida por una promesa mentirosa y rompió la ley de Dios; nuestra heroína desdeñaba vivir, cuando su vida dependía de ella rompiendo su fe a aquel que era su Señor más querido. ¿Qué excusa, después de esto, para los hombres, si son débiles y cobardes? ¿Pueden esperar el indulto, cuando las mujeres lucharon la Santa batalla con corazones tan valientes, generosos, y hasta varoniles?"

Las lecciones designadas para ser leídas en la fiesta de nuestras dos Santas, nos dan los principales incidentes de su martirio. El pasaje de la cuenta escrita por la propia Perpetua, que se cita en estas lecciones, hará que algunos de nuestros lectores deseen leer el conjunto de lo que nos ha dejado. Lo encontrarán en nuestro primer volumen de los actos de los mártires.


 
 
 

 
 

Santa Perpetua rechazando las súplicas de su padre de Antonio Ridolfi (1824-1900); 1857; Museo Cassioli Pittura senese dell’Ottocento, Asciano, Siena, Toscana, Italia; www.cretesenesi.com
 
 

Durante el reinado del emperador Severo, varios catecúmenos fueron detenidos en Cartago, en África. Entre éstos estaban Revocato y su compañero Felicidad, Saturnino y Secúndulo y Vivia Perpetua, una señora por nacimiento y la educación, que estaba casada con un hombre con gran abundancia. Perpetua era de unos veintidós años de edad, y estaba amamantando a un bebé. Ella nos ha dejado los siguientes detalles de su martirio:

"Tan pronto como nuestros perseguidores nos habían aprehendido, mi padre vino a mí, y, por su gran amor hacia mí, trató de hacerme cambiar mi resolución. Yo le dije: 'padre, no puedo consentir que me llames aparte de lo que soy: cristiana. Con estas palabras se precipitó hacia mí, amenazando con arrancarme los ojos. Pero él sólo me golpeó, y luego me dejó, cuando se enteró de que los argumentos sugeridos a él por el diablo, no sirvieron para nada. Unos días después fuimos bautizados; y, el Espíritu Santo me inspiró a mirar este bautismo como una preparación para el sufrimiento corporal. Pasaron unos días más y nos enviaron a la prisión. Yo estaba aterrorizada, porque no estaba acostumbrada a tanta oscuridad. El informe pronto se difundió que íbamos a ser llevados a juicio. Mi padre salió de la ciudad, porque tenía el corazón roto, y vino a mí, con la esperanza de sacudir mi propósito. Estas fueron sus palabras: "mi hija, ten piedad de mi vejez. Ten piedad de tu padre, si merezco que me llames padre. Piensa en tus hermanos, piensa en tu madre, piensa en tu hijo, que no puede vivir cuando te hayas ido. Renuncia a este loco propósito, o te traerá la miseria a tu familia.' Mientras decía esto, que él hizo por amor a mí, él se arrojó a mis pies, y lloró amargamente, y dijo que él me rogó esto, no como su hija, sino como su señora. Me conmovió llorar al ver a mi padre de edad en este dolor, porque yo sabía que él era el único de mi familia que no se regocijaría en mi ser un mártir. Traté de consolarlo, y le dije: 'haré lo que Dios ordenará. Tú sabes que pertenecemos a Dios, y no a nosotros mismos'. Luego me dejó, y estaba muy triste.

"Al día siguiente, cuando estábamos tomando nuestra repasada, de repente vinieron sobre nosotros y nos convocaron a juicio. Llegamos al foro. Nos hicieron montar una plataforma. Mis compañeros fueron interrogados, y confesaron la fe. Mi turno fue el siguiente, y inmediatamente vi a mi padre acercándose hacia mí, sosteniendo a mi hijo pequeño. Él me sacó de la plataforma, y me rogó, diciendo: "ten piedad de tu bebé!" Hilariano, también, el gobernador, me dijo: 'ten piedad de tu padre de edad, ¡ten piedad de tu bebé! Ofréceles sacrificio para los emperadores. Yo le respondí: 'no puedo; Soy cristiano. Con lo cual, nos condena a todos a ser devorados por las bestias salvajes; y nosotros, llenos de alegría, volvemos a nuestra prisión. Pero como hasta entonces siempre había tenido a mi hijo en prisión, y lo alimenté de mi pecho, inmediatamente le envié un mensaje a mi padre, rogando que lo dejara venir a mí. Se negó; y a partir de ese momento, ni el bebé pidió el pecho, ni sufrí molestias; porque la voluntad de Dios lo hizo así."


Todo esto es tomado de la cuenta escrita dejada por la bendita Perpetua y, nos lleva al día antes de que la mataran. En cuanto a Felicidad, ella estaba en el octavo mes de su embarazo, cuando fue arrestada. El día de los espectáculos públicos estaba a la mano y el temor de que su martirio sería aplazado a causa de su ser con el niño, la hizo muy triste. Sus compañeros mártires, también, sentían mucho por ella, porque no podían soportar la idea de ver una compañera ¡tan! digna, decepcionada con la esperanza que tenía en común con ellos mismos, de tan pronto alcanzar el Cielo.

Por lo tanto, uniendose en oración, con lágrimas le rogaron a Dios en su nombre. Era el último día, pero dos antes de los espectáculos públicos. Apenas su oración terminó, que Felicidad fue agarrada con dolor. Uno de los carceleros, que escuchó sus gemidos, gritó: 'si este dolor te parece tan grande, ¿qué harás cuando seas devorada por las bestias salvajes, que tú no pretendiste no seguir cuando fuiste declarada para ofrecer sacrificio.' Ella respondió: 'lo que estoy sufriendo ahora, es de hecho yo quien lo sufre; pero allí, habrá otro en mí, que sufrirá por mí, porque yo voy a estar sufriendo por Él. Entonces dió luz a una hija y una de nuestras hermanas adoptó el bebé como su propia.


 

Durante el reinado del emperador Severo, varios catecúmenos fueron detenidos en Cartago, en África. Entre éstos estaban Revocato y su compañero Felicidad, Saturnino y Secúndulo y Vivia Perpetua, una señora por nacimiento y la educación, que estaba casada con un hombre con gran abundancia. Perpetua era de unos veintidós años de edad, y estaba amamantando a un bebé. Ella nos ha dejado los siguientes detalles de su martirio:

"Tan pronto como nuestros perseguidores nos habían aprehendido, mi padre vino a mí, y, por su gran amor hacia mí, trató de hacerme cambiar mi resolución. Yo le dije: 'padre, no puedo consentir que me llames aparte de lo que soy: cristiana. Con estas palabras se precipitó hacia mí, amenazando con arrancarme los ojos. Pero él sólo me golpeó, y luego me dejó, cuando se enteró de que los argumentos sugeridos a él por el diablo, no sirvieron para nada. Unos días después fuimos bautizados; y, el Espíritu Santo me inspiró a mirar este bautismo como una preparación para el sufrimiento corporal. Pasaron unos días más y nos enviaron a la prisión. Yo estaba aterrorizada, porque no estaba acostumbrada a tanta oscuridad. El informe pronto se difundió que íbamos a ser llevados a juicio. Mi padre salió de la ciudad, porque tenía el corazón roto, y vino a mí, con la esperanza de sacudir mi propósito. Estas fueron sus palabras: "mi hija, ten piedad de mi vejez. Ten piedad de tu padre, si merezco que me llames padre. Piensa en tus hermanos, piensa en tu madre, piensa en tu hijo, que no puede vivir cuando te hayas ido. Renuncia a este loco propósito, o te traerá la miseria a tu familia.' Mientras decía esto, que él hizo por amor a mí, él se arrojó a mis pies, y lloró amargamente, y dijo que él me rogó esto, no como su hija, sino como su señora. Me conmovió llorar al ver a mi padre de edad en este dolor, porque yo sabía que él era el único de mi familia que no se regocijaría en mi ser un mártir. Traté de consolarlo, y le dije: 'haré lo que Dios ordenará. Tú sabes que pertenecemos a Dios, y no a nosotros mismos'. Luego me dejó, y estaba muy triste.

"Al día siguiente, cuando estábamos tomando nuestra repasada, de repente vinieron sobre nosotros y nos convocaron a juicio. Llegamos al foro. Nos hicieron montar una plataforma. Mis compañeros fueron interrogados, y confesaron la fe. Mi turno fue el siguiente, y inmediatamente vi a mi padre acercándose hacia mí, sosteniendo a mi hijo pequeño. Él me sacó de la plataforma, y me rogó, diciendo: "ten piedad de tu bebé!" Hilariano, también, el gobernador, me dijo: 'ten piedad de tu padre de edad, ¡ten piedad de tu bebé! Ofréceles sacrificio para los emperadores. Yo le respondí: 'no puedo; Soy cristiano. Con lo cual, nos condena a todos a ser devorados por las bestias salvajes; y nosotros, llenos de alegría, volvemos a nuestra prisión. Pero como hasta entonces siempre había tenido a mi hijo en prisión, y lo alimenté de mi pecho, inmediatamente le envié un mensaje a mi padre, rogando que lo dejara venir a mí. Se negó; y a partir de ese momento, ni el bebé pidió el pecho, ni sufrí molestias; porque la voluntad de Dios lo hizo así."


Todo esto es tomado de la cuenta escrita dejada por la bendita Perpetua y, nos lleva al día antes de que la mataran. En cuanto a Felicidad, ella estaba en el octavo mes de su embarazo, cuando fue arrestada. El día de los espectáculos públicos estaba a la mano y el temor de que su martirio sería aplazado a causa de su ser con el niño, la hizo muy triste. Sus compañeros mártires, también, sentían mucho por ella, porque no podían soportar la idea de ver una compañera ¡tan! digna, decepcionada con la esperanza que tenía en común con ellos mismos, de tan pronto alcanzar el Cielo.

Por lo tanto, uniendose en oración, con lágrimas le rogaron a Dios en su nombre. Era el último día, pero dos antes de los espectáculos públicos. Apenas su oración terminó, que Felicidad fue agarrada con dolor. Uno de los carceleros, que escuchó sus gemidos, gritó: 'si este dolor te parece tan grande, ¿qué harás cuando seas devorada por las bestias salvajes, que tú no pretendiste no seguir cuando fuiste declarada para ofrecer sacrificio.' Ella respondió: 'lo que estoy sufriendo ahora, es de hecho yo quien lo sufre; pero allí, habrá otro en mí, que sufrirá por mí, porque yo voy a estar sufriendo por Él. Entonces dió luz a una hija y una de nuestras hermanas adoptó el bebé como su propia.


 
 
 

 
 

El Martirio de Perpetua, Felicidad, Revocato, Saturnino y Secúndulo, de la Menologia de Basilio II; 925; Constantinopla; localización actual en la Biblioteca Vaticana, Roma, Italia; commons.wikimedia.org
 
 

El día de la victoria amaneció. Salieron de su prisión por el anfiteatro, alegres, y con las caras sonrientes de alegría, como si fueran a ir al Cielo. Estaban entusiasmados, pero era de deleite, no de miedo. El último en el grupo era Perpetua. Su mirada plácida, su paso noble, traicionó en apariencia a la matrona cristiana. Ella pasó a través de la multitud y no vio a nadie, ya que sus hermosos ojos estaban fijos en el suelo. A su lado estaba Felicidad, regocijándose que, por su entrega segura, le permitiría encontrar a las fieras salvajes. El diablo había preparado una vaca salvaje para todos ellos. Fueron puestos en una red. Felicidad fue presentado primero. Fue arrojada al aire, y cayó sobre su espalda. Observando que un lado de su vestido estaba rasgado, ella lo ajustó, haciendo caso omiso de su dolor, porque pensaba en vez en su modestia. Habiéndose recuperado de la caída, recogió su pelo que estaba desaliñado por el choque, porque no era propicio que una mártir debería ganar su palma y tener en vez la apariencia de una distraída por el dolor. Con esto hecho, se puso de pie.

Al ver a Felicidad muy magullada por su caída, Perpetua fue a ella, y dándole la mano, la levantó del suelo. Ambas estaban listas para un nuevo ataque; pero la gente fue movida a la piedad, y las mártires fueron conducidas a la puerta llamada sana-Vivaria. Allí Perpetua, como una que se despierta del sueño, se despertó de la profunda éxtasis de su espíritu. Ella miró a su alrededor, y le dijo a la multitud asombrada: "¿Cuándo nos atacará la vaca?" Le dijeron que ya las había atacado. Ella no podía creerlo, hasta que sus heridas y el vestido rasgado le recordó lo que había sucedido. A continuación, haciendo señas a su hermano, y a un catecumeno llamado Kustico, habló con ellos. "Sed firmes en la fe, y amaros unos a otros, y no sean sorprendidos por nuestros sufrimientos."

Dios pronto tomó a Secúndulo de este mundo, porque él murió mientras él estaba en la prisión. Saturnino y Revocato fueron expuestos primero a un leopardo, y luego a un oso. Saturo fue expuesto a un jabalí, y luego a un oso, que no salía de su guarida; así fue que se quedó dos veces ileso: pero al cierre de los juegos, fue arrojado a un leopardo, que le mordió tan severamente, que estaba todo cubierto de sangre y, como fue sacado del anfiteatro, la gente se burlaba de él para este segundo bautismo, y dijo: "¡Salvado, lavado! ¡Salvado, lavado!" Entonces fue llevado, muriendo como estaba, al lugar designado, para ser enviado por la espada con el resto. Pero la gente exigía que se les llevara de vuelta a la mitad del anfiteatro, para que sus ojos se deleitaran con la vista, y miraran la espada mientras les atravesaba.

Los mártires, al escuchar su petición, alegremente se levantaron, y marcharon al lugar donde la gente les haría ir; pero primero se abrazaron unos a otros, para que el sacrificio de su martírio pudiera consumarse con el solemne beso de la paz. Todos ellos, sin tanto movimiento ni gemido, recibieron el golpe del espadachín, salvo a Saturo, que murió de sus heridas anteriores, y Perpetua, a quien se le permitía sentir más que al resto. Su verdugo era un novicio en su trabajo y no podía empujar su espada a través de sus costillas: ella ligeramente gimió; luego tomó su mano derecha, y apuntando su espada hacia su garganta, le dijo que ese era el lugar para atacar. Tal vez fue que tal mujer no podía ser asesinada de otra manera que por su propio consentimiento, por el espíritu impuro le tenía gran temor.


 

El día de la victoria amaneció. Salieron de su prisión por el anfiteatro, alegres, y con las caras sonrientes de alegría, como si fueran a ir al Cielo. Estaban entusiasmados, pero era de deleite, no de miedo. El último en el grupo era Perpetua. Su mirada plácida, su paso noble, traicionó en apariencia a la matrona cristiana. Ella pasó a través de la multitud y no vio a nadie, ya que sus hermosos ojos estaban fijos en el suelo. A su lado estaba Felicidad, regocijándose que, por su entrega segura, le permitiría encontrar a las fieras salvajes. El diablo había preparado una vaca salvaje para todos ellos. Fueron puestos en una red. Felicidad fue presentado primero. Fue arrojada al aire, y cayó sobre su espalda. Observando que un lado de su vestido estaba rasgado, ella lo ajustó, haciendo caso omiso de su dolor, porque pensaba en vez en su modestia. Habiéndose recuperado de la caída, recogió su pelo que estaba desaliñado por el choque, porque no era propicio que una mártir debería ganar su palma y tener en vez la apariencia de una distraída por el dolor. Con esto hecho, se puso de pie.

Al ver a Felicidad muy magullada por su caída, Perpetua fue a ella, y dándole la mano, la levantó del suelo. Ambas estaban listas para un nuevo ataque; pero la gente fue movida a la piedad, y las mártires fueron conducidas a la puerta llamada sana-Vivaria. Allí Perpetua, como una que se despierta del sueño, se despertó de la profunda éxtasis de su espíritu. Ella miró a su alrededor, y le dijo a la multitud asombrada: "¿Cuándo nos atacará la vaca?" Le dijeron que ya las había atacado. Ella no podía creerlo, hasta que sus heridas y el vestido rasgado le recordó lo que había sucedido. A continuación, haciendo señas a su hermano, y a un catecumeno llamado Kustico, habló con ellos. "Sed firmes en la fe, y amaros unos a otros, y no sean sorprendidos por nuestros sufrimientos."

Dios pronto tomó a Secúndulo de este mundo, porque él murió mientras él estaba en la prisión. Saturnino y Revocato fueron expuestos primero a un leopardo, y luego a un oso. Saturo fue expuesto a un jabalí, y luego a un oso, que no salía de su guarida; así fue que se quedó dos veces ileso: pero al cierre de los juegos, fue arrojado a un leopardo, que le mordió tan severamente, que estaba todo cubierto de sangre y, como fue sacado del anfiteatro, la gente se burlaba de él para este segundo bautismo, y dijo: "¡Salvado, lavado! ¡Salvado, lavado!" Entonces fue llevado, muriendo como estaba, al lugar designado, para ser enviado por la espada con el resto. Pero la gente exigía que se les llevara de vuelta a la mitad del anfiteatro, para que sus ojos se deleitaran con la vista, y miraran la espada mientras les atravesaba.

Los mártires, al escuchar su petición, alegremente se levantaron, y marcharon al lugar donde la gente les haría ir; pero primero se abrazaron unos a otros, para que el sacrificio de su martírio pudiera consumarse con el solemne beso de la paz. Todos ellos, sin tanto movimiento ni gemido, recibieron el golpe del espadachín, salvo a Saturo, que murió de sus heridas anteriores, y Perpetua, a quien se le permitía sentir más que al resto. Su verdugo era un novicio en su trabajo y no podía empujar su espada a través de sus costillas: ella ligeramente gimió; luego tomó su mano derecha, y apuntando su espada hacia su garganta, le dijo que ese era el lugar para atacar. Tal vez fue que tal mujer no podía ser asesinada de otra manera que por su propio consentimiento, por el espíritu impuro le tenía gran temor.


 
 
 

 
 

Santas Perpetua y Felicidad unidas en oración durante su martirio
 
 
Oración

¡Perpetua! ¡Felicidad! ¡Oh! gloriosos y proféticos nombres, que vienen como dos estrellas brillantes de Marzo, ¡derramando sobre nosotros sus rayos de luz y vida! Se te oye en las canciones de los Ángeles; y, los pobres pecadores, como hacemos eco en la tierra, se nos dice que amemos y tengamos esperanza. Nos recuerdan a esa valiente mujer que, como dice la escritura, mantuvo la batalla iniciada por los hombres: los hombres valientes cesaron: ¿quién los seguirá? Una madre en Israel (Jueces, v. 7). ¡Gloria a ese poder todopoderoso, que ama elegir las cosas débiles del mundo para confundir a los fuertes! (i. Cor. i. 27) Gloria a la Iglesia de África, hija de la Iglesia de Roma; ¡y gloria a la Iglesia de CÎrtago, que no había escuchado las prédicas de su chipriota y, sin, embargo podía producir dos corazones ¡tan nobles!

En cuanto a ti, Perpetua, tú eres sostenida en la veneración por todo el mundo cristiano. Tu nombre es mencionado por los sacerdotes de Dios en la Santa Misa y así, tu memoria está asociada con el sacrificio del Dios Hombre, por amor de quien tú pusiste tu vida. Y esas páginas escritas por tu propia mano, ¡cómo nos revelan el carácter generoso de tu alma! Cómo comentan esas palabras del cántico: el amor es ¡tán! fuerte como la muerte. (Cánticos VIII. 6)! Cuando el duro juicio vino de resistir a un padre, que te deseó abandonar la palma del martirio, ¡cuán valientemente no triunfaste sobre tu afecto filial, para salvar lo que se debe a nuestro Padre que está en el Cielo! No, cuando llegó la prueba más dura, cuando el bebé que se alimentó de tu pecho te fue arrebatado en tu prisión, aún entonces tu amor fue lo suficientemente fuerte para el sacrificio, como lo fue Abraham, cuando tuvo que inmolar a su Isaac.

Tus compañeros mártires merecen nuestra admiración; son tan grandes en su valentía; pero tú, querida santa, los superas a todos. Tu amor te hace más valiente en tus sufrimientos, te hace olvidarlos. "¿Dónde estabas," te preguntaríamos en las palabras de San Agustín, "¿Dónde estabas tú, que no sentiste la incitación de esa bestia furiosa, preguntando cuándo iba a ser, como si no hubiera sido? ¿Dónde estabas tú? ¿Qué has visto, que te hizo no ver esto? ¿En qué estabas festejando, que te hizo morir de sentido? ¿Cuál era el amor que te absorbió, cuál era la visión que distraía, cuál era el cáliz que te embriagaba? Y sin embargo, los lazos de la carne todavía te sostenían, las afirmaciones de la muerte aún estaban sobre ti, el cuerpo corruptible todavía te estaba pesando? (sermón de la fiesta de los Santos Perpetua y Felicidad) "Pero nuestro Señor te había preparado para la lucha final, pidiendo sacrificio por tus manos. Esto hizo tu vida totalmente espiritual, y dio tu alma a morar, por el amor, con Él, que te había preguntado por todos y lo recibió; y así, viviendo en unión con Jesús, tu espíritu era todo menos un extraño para el cuerpo que lo animaba.

Estaba impaciente por estar totalmente con su bien soberano. Tu mano ansiosa dirige la espada que es para liberarte; y, como el verdugo corta la última corbata que te sostiene, ¡cuán voluntario fue tu sacrificio, cuán abundante es tu bienvenida a la muerte! En verdad, tú fuiste el valiente, la mujer fuerte (Prov. XXXI. 10), que conquistó ¡a la serpiente malvada! Tu grandeza de alma ha merecido para ti un lugar alto entre las heroínas de nuestra Santa Fe, y por 1.600 años has sido honrado por la entusiasmada devoción y el amor de los siervos de Dios.


 
Oración

¡Perpetua! ¡Felicidad! ¡Oh! gloriosos y proféticos nombres, que vienen como dos estrellas brillantes de Marzo, ¡derramando sobre nosotros sus rayos de luz y vida! Se te oye en las canciones de los Ángeles; y, los pobres pecadores, como hacemos eco en la tierra, se nos dice que amemos y tengamos esperanza. Nos recuerdan a esa valiente mujer que, como dice la escritura, mantuvo la batalla iniciada por los hombres: los hombres valientes cesaron: ¿quién los seguirá? Una madre en Israel (Jueces, v. 7). ¡Gloria a ese poder todopoderoso, que ama elegir las cosas débiles del mundo para confundir a los fuertes! (i. Cor. i. 27) Gloria a la Iglesia de África, hija de la Iglesia de Roma; ¡y gloria a la Iglesia de CÎrtago, que no había escuchado las prédicas de su chipriota y, sin, embargo podía producir dos corazones ¡tan nobles!

En cuanto a ti, Perpetua, tú eres sostenida en la veneración por todo el mundo cristiano. Tu nombre es mencionado por los sacerdotes de Dios en la Santa Misa y así, tu memoria está asociada con el sacrificio del Dios Hombre, por amor de quien tú pusiste tu vida. Y esas páginas escritas por tu propia mano, ¡cómo nos revelan el carácter generoso de tu alma! Cómo comentan esas palabras del cántico: el amor es ¡tán! fuerte como la muerte. (Cánticos VIII. 6)! Cuando el duro juicio vino de resistir a un padre, que te deseó abandonar la palma del martirio, ¡cuán valientemente no triunfaste sobre tu afecto filial, para salvar lo que se debe a nuestro Padre que está en el Cielo! No, cuando llegó la prueba más dura, cuando el bebé que se alimentó de tu pecho te fue arrebatado en tu prisión, aún entonces tu amor fue lo suficientemente fuerte para el sacrificio, como lo fue Abraham, cuando tuvo que inmolar a su Isaac.

Tus compañeros mártires merecen nuestra admiración; son tan grandes en su valentía; pero tú, querida santa, los superas a todos. Tu amor te hace más valiente en tus sufrimientos, te hace olvidarlos. "¿Dónde estabas," te preguntaríamos en las palabras de San Agustín, "¿Dónde estabas tú, que no sentiste la incitación de esa bestia furiosa, preguntando cuándo iba a ser, como si no hubiera sido? ¿Dónde estabas tú? ¿Qué has visto, que te hizo no ver esto? ¿En qué estabas festejando, que te hizo morir de sentido? ¿Cuál era el amor que te absorbió, cuál era la visión que distraía, cuál era el cáliz que te embriagaba? Y sin embargo, los lazos de la carne todavía te sostenían, las afirmaciones de la muerte aún estaban sobre ti, el cuerpo corruptible todavía te estaba pesando? (sermón de la fiesta de los Santos Perpetua y Felicidad) "Pero nuestro Señor te había preparado para la lucha final, pidiendo sacrificio por tus manos. Esto hizo tu vida totalmente espiritual, y dio tu alma a morar, por el amor, con Él, que te había preguntado por todos y lo recibió; y así, viviendo en unión con Jesús, tu espíritu era todo menos un extraño para el cuerpo que lo animaba.

Estaba impaciente por estar totalmente con su bien soberano. Tu mano ansiosa dirige la espada que es para liberarte; y, como el verdugo corta la última corbata que te sostiene, ¡cuán voluntario fue tu sacrificio, cuán abundante es tu bienvenida a la muerte! En verdad, tú fuiste el valiente, la mujer fuerte (Prov. XXXI. 10), que conquistó ¡a la serpiente malvada! Tu grandeza de alma ha merecido para ti un lugar alto entre las heroínas de nuestra Santa Fe, y por 1.600 años has sido honrado por la entusiasmada devoción y el amor de los siervos de Dios.


 
 
 

 
 

Ventana de cristal de Santa Perpetua de Cartago (Iglesia de Notre-Dame de Vierzon, Francia, siglo 19): el martirio de Santa Pepetua y sus compañeros en el estadio de Cartago; Santa Felicidad a su izquierda  commons.wikimedia.org
 
 

¡ y tú también, Felicitas! recibe el homenaje de nuestra veneración, porque fuiste hallado digno de ser un compañero mártir con perpetua. Aunque ella era una rica matrona de Cartago, y tú un siervo, pero el bautismo y el martirio te hicieron compañeros y hermanas. La dama y el esclavo abrazados, porque el martirio te hizo igual; y como los espectadores os vieron juntos de la mano, deben haber sentido, que había un poder en la religión que persiguieron, lo que pondría fin a la esclavitud. El poder y la gracia de Jesús triunfaron en ti, como lo hizo en perpetua; y así se cumplió tu sublime respuesta a los paganos, que se atrevieron a burlarte,--que cuando llegó la hora del juicio, no serías tú el que sufriría, sino Cristo, que sufriría en ti. El cielo es ahora la recompensa de tu sacrificio; bueno, tú lo mereces. Y ese bebé, que nació en tu prisión, ¡ qué niño feliz de tener para su madre un mártir en el cielo! ¿Cómo no bendecir tanto a ella y la madre que lo adoptó! Oh! ¡ Qué aptitud, en un alma como tu, por el Reino de Dios (San Lucas, IX. 62)! No una vez mirando hacia atrás, pero siempre con valentía a la velocidad en adelante a lo que te llamó. Tu felicidad es perpetua en el cielo; tu gloria en la tierra nunca cesará.

Y ahora, queridos santos, perpetua y Felicitas, intercede por nosotros durante esta temporada de gracia. Ve, con tus palmas en tus manos, al trono de Dios, y ruega que derrame su misericordia sobre nosotros. Es verdad, los días del paganismo se han ido; y no hay perseguidores clamando por nuestra sangre. Usted, y muchos otros mártires, han ganado la victoria por la fe; y que la fe es ahora nuestra; Somos cristianos. Pero hay un segundo paganismo, que ha arraigado profundamente entre nosotros. Es la fuente de esa corrupción que ahora invade cada rango de la sociedad, y sus propias dos fuentes son la indiferencia, que enfría el corazón, y la sensualidad, que induce la cobardía.

¡Santos Mártires! Ore por nosotros para que podamos beneficiarnos con el ejemplo de sus virtudes, y que el pensamiento de su devoción heroica pueda exhortarnos a ser valientes en los sacrificios que Dios reclama a nuestras manos. Oren también por las iglesias que ahora se están estableciendo en ese mismo lugar de África, que fue el escenario de su glorioso martirio: bendecirlos, y obtener para ellos, por vuestra poderosa intercesión, firmeza de fe y pureza de la moral. Amén


 

¡ y tú también, Felicitas! recibe el homenaje de nuestra veneración, porque fuiste hallado digno de ser un compañero mártir con perpetua. Aunque ella era una rica matrona de Cartago, y tú un siervo, pero el bautismo y el martirio te hicieron compañeros y hermanas. La dama y el esclavo abrazados, porque el martirio te hizo igual; y como los espectadores os vieron juntos de la mano, deben haber sentido, que había un poder en la religión que persiguieron, lo que pondría fin a la esclavitud. El poder y la gracia de Jesús triunfaron en ti, como lo hizo en perpetua; y así se cumplió tu sublime respuesta a los paganos, que se atrevieron a burlarte,--que cuando llegó la hora del juicio, no serías tú el que sufriría, sino Cristo, que sufriría en ti. El cielo es ahora la recompensa de tu sacrificio; bueno, tú lo mereces. Y ese bebé, que nació en tu prisión, ¡ qué niño feliz de tener para su madre un mártir en el cielo! ¿Cómo no bendecir tanto a ella y la madre que lo adoptó! Oh! ¡ Qué aptitud, en un alma como tu, por el Reino de Dios (San Lucas, IX. 62)! No una vez mirando hacia atrás, pero siempre con valentía a la velocidad en adelante a lo que te llamó. Tu felicidad es perpetua en el cielo; tu gloria en la tierra nunca cesará.

Y ahora, queridos santos, perpetua y Felicitas, intercede por nosotros durante esta temporada de gracia. Ve, con tus palmas en tus manos, al trono de Dios, y ruega que derrame su misericordia sobre nosotros. Es verdad, los días del paganismo se han ido; y no hay perseguidores clamando por nuestra sangre. Usted, y muchos otros mártires, han ganado la victoria por la fe; y que la fe es ahora nuestra; Somos cristianos. Pero hay un segundo paganismo, que ha arraigado profundamente entre nosotros. Es la fuente de esa corrupción que ahora invade cada rango de la sociedad, y sus propias dos fuentes son la indiferencia, que enfría el corazón, y la sensualidad, que induce la cobardía.

¡Santos Mártires! Ore por nosotros para que podamos beneficiarnos con el ejemplo de sus virtudes, y que el pensamiento de su devoción heroica pueda exhortarnos a ser valientes en los sacrificios que Dios reclama a nuestras manos. Oren también por las iglesias que ahora se están estableciendo en ese mismo lugar de África, que fue el escenario de su glorioso martirio: bendecirlos, y obtener para ellos, por vuestra poderosa intercesión, firmeza de fe y pureza de la moral. Amén


 
 
 
 
 
 
6 de Marzo-Santas Perpetua y Felicidad (+ 203), Mártires - Logrando la Felicidad Perpetua en el Cielo - Extracto del año Litúrgico, 1870 - Patronas de madres, las embarazadas y las viudas
 
 

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para la Gloria de Dios

  La Bendición Apostólica de la Santa Sede en Roma se imparta (28 de Octubre, 2013)
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OUR FATHER

Our Father, Who Art In Heaven
Hallowed Be Thy Name.
Thy Kingdom come,
Thy Will be done
On earth as it is in Heaven.
Give us this day our daily bread
And forgive us our trespasses
As we forgive those who trespass against us.
Liberate us from all temptation[*]
And deliver us from all evil. Amen



[*] Liberate us is in keeping with the original Latin text.
       God usually does not "lead us" to temptation
       (unless we are tested),
       but gives us the grace to overcome and/or resist it
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HAIL MARY

Hail Mary, full of grace
The Lord is with thee.
Blessed art though among women,
And blessed is the fruit
Of thy womb, Jesus.
 
Holy Mary, Mary of God
Pray for us sinners
Now, and in the hour
Of our death. Amen


 
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APOSTLE'S CREED
I believe in God, the Father Almighty
Creator of Heaven and earth;
And in Jesus Christ, His Only Son, our Lord;
Who was conceived by the
[work and grace of the] Holy Ghost,[*]
Born of the Virgin Mary,
Suffered under Pontius Pilate,
Was crucified, died and was buried.
He descended into the Dead.[**]
On the third day, He rose again;
He ascended into Heaven,
And sits at the right hand of God,
the Father Almighty.
From thence he shall come to judge
the living and the dead.
 
I believe in the Holy Ghost,[*]
The Holy Catholic Church,
The communion of saints,
The forgiveness of sins.
The resurrection of the body,
And life everlasting. Amen

[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
[**] the Dead: "inferi", the underworld or the dead in Latin.
X
GLORIA

Glory be to the Father, and to the Son,
and to the Holy Ghost[*],
as it was in the beginning, is now,
and ever shall be, world without end.
Amen

[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
X
DE PROFUNDIS

Out of the depths I have cried to Thee, O Lord:
Lord, hear my voice.
Let Thine ears be attentive
to the voice of my supplication.

If thou, O Lord, wilt mark iniquities:
Lord, who shall abide it.
For with Thee there is merciful forgiveness:
and because of Thy law,
I have waited for Thee, O Lord.

My soul hath waited on His word:
my soul hath hoped in the Lord.
From the morning-watch even until night,
let Israel hope in the Lord.

For with the Lord there is mercy:
and with Him plenteous redemption.
And He shall redeem Israel
from all her iniquities.

Glory be to the Father, and to the Son,
and to the Holy Ghost[*],
as it was in the beginning, is now,
and ever shall be, world without end.
Amen

[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
X
DE PROFUNDIS

Out of the depths I have cried to Thee, O Lord:
Lord, hear my voice.
Let Thine ears be attentive to the voice
of my supplication.

If thou, O Lord, wilt mark iniquities:
Lord, who shall abide it.
For with Thee there is merciful forgiveness:
and because of Thy law,
I have waited for Thee, O Lord.

My soul hath waited on His word:
my soul hath hoped in the Lord.
From the morning-watch even until night,
let Israel hope in the Lord.

For with the Lord there is mercy:
and with Him plenteous redemption.
And He shall redeem Israel
from all his iniquities.

V. Eternal rest give unto them, O Lord.
R. And let perpetual light shine upon them.
V. From the gate of hell.
R. Deliver their souls, O Lord.
V. May they rest in peace.
R. Amen.
V. O Lord, hear my prayer.
R. And let my cry come unto Thee.
V. The Lord be with you.
R. And with Thy Spirit.

(50 days indulgence to all who pray the De Profundis with V. and R.
"Requiem aeternam" (Eternal Rest) three times a day.
Pope Leo XIII, February 3, 1888)


Let us pray:
O God, the Creator and Redeemer of all
the faithful, we beseech Thee to grant
to the souls of Thy servants the remission
of their sins, so that by our prayers
they may obtain pardon for which they long.
O Lord, who lives and reigns,
world without end. Amen

May they rest in peace. Amen

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PADRE NUESTRO

Padre Nuestro,
que estas en los Cielos
Santificado sea Tu Nombre;
Venga a nosotros tu Reino;
Hágase Tu Voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
Perdona nuestras ofensas,
Como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden,
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén
 
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AVE MARÍA

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
El Señor es Contigo;
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
Y bendito es el fruto
De tu vientre, Jesús.
 
Santa María,
Madre de Dios,
Ruega por nosotros
pecadores,
Ahora y en la hora
De nuestra muerte.
Amén
 
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CREDO
Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo,
Su único Hijo, Nuestro Señor,
Que fue concebido por obra
y gracia del Espíritu Santo,
Nació de la Santa María Virgen;
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
Fue crucificado, muerto y sepultado,
Descendió a los infiernos,
Al tercer día resucitó de entre los muertos,
Subió a los cielos
Y está sentado a la derecha de Dios,
Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
La Santa Iglesia Católica,
La comunión de los santos,
El perdón de los pecados,
La resurrección de la carne
Y la vida eterna. Amén
 
 
CERRAR
DE PROFUNDIS

Desde lo hondo a Ti grito, Señor; Señor,
escucha mi voz;
Estén Tus oidos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor.

Espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarda Israel al Señor.

Como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia.
la redención copiosa;
y Él redimirá a Israel de todos sus delitos.

Gloria al Padre, al Hijo y al
Espíritu Santo,
como es desde el principio,
es ahora y será por los siglos de los siglos.
Amén

X
GLORIA

Gloria al Padre, al Hijo y al
Espíritu Santo,
como es desde el principio,
es ahora y será por los siglos de los siglos.
Amén

CERRAR
DE PROFUNDIS y QUE DESCANSEN EN PAZ

Desde lo hondo a Ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
Estén Tus oidos atentos a
la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor.

Espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarda Israel al Señor.

Como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y Él redimirá a Israel de todos sus delitos.

V. Dadles, Señor, a todas las almas
el descanso eterno.
R. Y haced lucir sobre ellas
vuestra eterna luz.
V. Que en paz descansen.
R. Amén.