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San Leonardo de Porto Maurizio - El Pequeo Nmero de los Que Se Salvan
San Leonardo de Porto Maurizio - El Pequeo Nmero de los Que Se Salvan
San Leonardo de Porto Maurizio - El Pequeo Nmero de los Que Se Salvan
 
 
 

 
 

La Ofrenda de No a Dios de Francesco Castiglione (1641-1716); Museo de Arte de la ciudad de El Paso, Tejas, EEUU; commons.wikimedia.org
 
 
El Pequeo Nmero de los Que Se Salvan
por San Leonardo de Porto Maurizio

Introduccin
La Enseanza de los Padres de la Iglesia
Las palabras de la Sagrada Escritura
La salvacin en los diferentes Estados de Vida
La Bondad de Dios
Dios Quiere que Todos los Hombres se Salven
Conclusin



Introduccin

Alabado sea el Seor, el nmero de los discpulos del Redentor no es tn pequeo que la maldad de los Escribas y Fariseos es capaz de triunfar sobre ellos. Aunque estos intentaron caluminar la inocencia y engaar a las multitudes con sus sofisteras desleales al desacreditar la doctrina y el carcter de Nuestro Seor, encontrando manchas hasta en el sol, an muchos lo reconocieron como el verdadero Mesas y, sin temor de castigos o amenazas, abiertamente se unieron con Su causa. Ahora: todos los que lo siguieron a Cristo, lo siguieron hasta la gloria? Ah, aqu es donde yo revero el profundo misterio y adoro silenciosamente los abismos de los decretos divinos, en vez de decidir precipitadamente sobre un punto tan enorme! El tema que estar explayando hoy es un tema muy grave: ha hecho que hasta los pilares de la Iglesia misma tiemblen; ha llenado de temor a los Santos mas grandiosos, y a los desiertos con ermitaos. El fn de esta instruccin es en decidir si el nmero de Cristianos que se salvan es mayor o menor que el nmero de Cristianos que son condenados. Espero que produzca un temor saludable de los juicios de Dios.

Hermanos, por el amor que tengo por vosotros, deseara ser capaz de aseguraros con la perspectiva de la felicidad eterna a cada uno de vosotros dicindoos: Es seguro que irs al paraso; el mayor nmero de los Cristianos se salva, por lo que tambin t te salvars. Pero cmo puedo daros esta dulce garanta si os rebelis contra los decretos de Dios como si fuerais sus propios peores enemigos? Observo en Dios un deseo sincero de salvaros, pero encuentro en vosotros una inclinacin decidida a ser condenados. Entonces, qu voy a hacer hoy si hablo con claridad? Ser desagradable para vosotros. Pero si no hablo, ser desagradable para Dios.

Por lo tanto, voy a dividir ste tema en dos puntos. En el primero, para llenaros de terror, voy a dejar que los telogos y los Padres de la Iglesia decidan sobre el tema y declaren que el mayor nmero de los Cristianos adultos son condenados; y, en adoracin silenciosa de ese terrible misterio, mantendr mis sentimientos para m mismo. En el segundo punto tratar de defender la bondad de Dios de los impos, al demostraros que los que son condenados son condenados por su propia malicia, porque queran ser condenados. As entonces, aqu hay dos verdades muy importantes. Si la primera verdad os asusta, no me guardis rencor, como si yo quisiera hacer el camino hacia el Cielo ms estrecho para vosotros, porque quiero ser neutral en ste asunto; sino ms bien guardarle rencor a los telogos y a los Padres de la Iglesia, quienes grabarn esta verdad en vuestros corazones con la fuerza de la razn. Si vosotros sois desilusionados por la segunda verdad, dad gracias a Dios por esta, pues l slo quiere una cosa: que le deis vuestros corazones totalmente a l. Por ltimo, si me obligis a decir claramente lo que pienso, lo har para vuestro consuelo.

La Enseanza de los Padres de la Iglesia

No es vana curiosidad, sino ms bien una precaucin saludable proclamar desde lo alto del plpito ciertas verdades que sirven maravillosamente para contener la indolencia de los libertinos, que siempre estn hablando de la misericordia de Dios y de lo fcil que es convertir, que viven sumidos en toda clase de pecados y se quedan profundamente dormidos en el camino al Infierno. Para desilusionarlos y para despertarlos de su letargo, hoy vamos a examinar esta gran pregunta: Es el nmero de Cristianos que se salva mayor que el nmero de Cristianos que se condena?

Almas piadosas, pueden irse; ste sermn no es para vosotros. Su nico propsito es contener el orgullo de los libertinos que echan el santo temor de Dios fuera de su corazn y unen sus fuerzas con las del diablo. Para resolver esta duda, pongamos a los Padres de la Iglesia, tanto griegos como latinos, por un lado; por el otro, a los telogos ms sabios e historiadores ms eruditos; y dejemos la Biblia en el centro para que todos la vean. Ahora, no escuchis lo que yo voy a decir - pues ya he dicho que no quiero hablar por m mismo o decidir sobre la materia -, sino ms bien escuchad lo que estas grandes mentes tienen que deciros, ellos que son faros en la Iglesia de Dios para dar luz a los dems para que no perdis el camino al Cielo. De esta manera, guiados por la triple luz de la fe, la autoridad y la razn, vamos a ser capaces de resolver este grave asunto con certeza.

Notad bien que no se trata aqu de la raza humana en su conjunto, ni de todos los Catlicos sin distincin, sino slo de los Catlicos adultos, que tienen libertad de eleccin y por tanto son capaces de cooperar en el gran asunto de su salvacin. Primero consultemos a los telogos reconocidos por examinar las cosas con ms cuidado y no exagerar en su enseanza; escuchemos a dos sabios cardenales, Cayetano y Belarmino. Ellos ensean que el mayor nmero de los Cristianos adultos son condenados. Citar tambin a Surez. Despus de consultar a todos los telogos y de hacer un estudio diligente del asunto, escribi, "El sentimiento ms comn que se tiene es que, entre los Cristianos, hay ms almas condenadas que almas predestinadas."

Aadid la autoridad de los padres griegos y latinos a la de los telogos, y vosotros encontraris que casi todos dicen lo mismo. ste es el sentimiento de San Teodoro, San Basilio, San Efrn y San Juan Crisstomo. Es ms, segn Baronio era una opinin comn entre los padres griegos que esta verdad fue expresamente revelada a San Simen Estilita y que despus de esta revelacin, fue para asegurar su salvacin que l decidi vivir en lo alto de un pilar durante cuarenta aos, expuesto a la intemperie, un modelo de penitencia y de santidad para todos. Ahora consultemos a los Padres latinos. Vosotros escucharis a San Gregorio diciendo claramente: "Muchos alcanzan la fe, pero pocos hasta el reino celestial." San Anselmo declara: "Hay pocos que se salvan." San Agustn afirma an ms claramente: "Por lo tanto, pocos se salvan en comparacin de aquellos que son condenados". El ms terrible, sin embargo, es San Jernimo. Al final de su vida, en presencia de sus discpulos, l dijo estas terribles palabras: "Fuera de cien mil personas cuyas vidas han sido siempre malas, encontrarn apenas una que es digna de indulgencia."

Las palabras de la Sagrada Escritura

Pero por qu buscar las opiniones de los Padres y telogos, cuando la Sagrada Escritura resuelve la pregunta con tanta claridad? Buscad en el Antiguo y Nuevo Testamento, y vosotros encontraris una multitud de figuras, smbolos y palabras que sealan claramente esta verdad: muy pocos se salvan. En el tiempo de No, la raza humana entera qued sumergida por el Diluvio, y slo ocho personas fueron salvadas en el Arca. San Pedro dice: "Esta arca, es la figura de la Iglesia", mientras que San Agustn, aade, "Y estas ocho personas que se salvaron significa que muy pocos Cristianos se salvan, porque son muy pocos los que sinceramente renuncian al mundo, y aquellos que renuncian al mundo slo con palabras no pertenecen al misterio que representa esta arca." La Biblia tambin nos dice que slo dos hebreos de cada dos millones entraron en la Tierra Prometida despus de salir de Egipto, y que slo cuatro escaparon del fuego de Sodoma y de las otras ciudades que se incendiaron y perecieron con sta. Todo esto significa que el nmero de los condenados que ser arrojado al fuego como paja es mucho mayor que la de los salvados, que el Padre celestial un da reunir en Sus graneros, como trigo precioso.

No acabara si yo tuviera que sealar todas las figuras, por las que la Sagrada Escritura confirma esta verdad; contentmonos con escuchar al orculo viviente de la Sabidura Encarnada. Qu le respondi Nuestro Seor a aquel hombre curioso en el Evangelio que le pregunt: "Seor, son pocos los que se salvan?". Guard silencio? Respondi con dificultad? Ocult su pensamiento por temor a asustar a la gente? No. Interrogado por uno solo, se dirigi a todos los presentes. Les dijo: "Vosotros me preguntis si slo unos pocos se salvan?". He aqu mi respuesta: "Esforzaos por entrar por la puerta angosta; porque muchos, os digo, tratarn de entrar y no podrn." Quin habla aqu? Es el Hijo de Dios, la Verdad Eterna, que en otra ocasin, dice an ms claro: "Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos." l no dice que todos son llamados y que, de todos los hombres, pocos son los elegidos, sino que muchos son los llamados; lo que significa, como San Gregorio explica, que de todos los hombres, muchos son los llamados a la Verdadera Religin, pero de ellos pocos se salvan. Hermanos, estas son las palabras de Nuestro Seor Jesucristo. Son claras? Son verdaderas. Dime ahora entonces si te es posible tener fe en tu corazn y no temblar.

La salvacin en los diferentes Estados de Vida

Pero, ah!, veo que al hablar de esta manera a todos en general, me salgo de mi punto. As que vamos a aplicar esta verdad a varios estados de vida. Hay algn estado en el mundo ms favorable a la inocencia en la que la salvacin parece ms fcil y del cual la gente tiene una idea ms elevada que la de los sacerdotes, los lugartenientes de Dios? A primera vista, quin no creera que la mayora de ellos no slo son buenos sino incluso perfectos; sin embargo, estoy horrorizado cuando escucho a San Jernimo declarar que aunque el mundo est lleno de sacerdotes, apenas uno de cada cien est viviendo en un manera conforme con su estado; cuando oigo a un siervo de Dios diciendo que ha aprendido por revelacin que el nmero de sacerdotes que caen en el Infierno cada da es tan grande que le parece imposible que quede alguno en la tierra; cuando oigo a San Juan Crisstomo exclamando con lgrimas en sus ojos, "no creo que muchos sacerdotes se salven; yo creo lo contrario, que el nmero de los que son condenados es mayor."

Mira an ms alto, y mira a los prelados de la Santa Iglesia, pastores que tienen a cargo las almas. Es el nmero de los que se salvan entre ellos mayor al nmero de los que son condenados? Escuchad a Cantimpr y sacad vosotros mismos las conclusiones. Hubo un snodo que se celebr en Pars, y un gran nmero de obispos y pastores que tenan a cargo las almas estuvieron presentes; el rey y los prncipes tambin fueron a aadir lustre a esa asamblea con su presencia. Un famoso predicador fue invitado a predicar. Mientras estaba preparando su sermn, un horrible demonio se le apareci y le dijo: "Pon tus libros a un lado. Si quieres dar un sermn que ser til para los prncipes y prelados, algrate con decirles esto de nuestra parte, Nosotros los prncipes de las tinieblas les agradecemos, prncipes, prelados y pastores de almas, que debido a su negligencia, la mayor parte de los fieles son condenados; adems, estamos guardando una recompensa para vosotros por ste favor, cuando vosotros estis con nosotros en el Infierno."

Ay de vosotros que mandis a otros! Si tantos son condenados por vuestra culpa, qu va a pasar con vosotros? Si pocos de los que son primeros en la Iglesia de Dios se salvan, qu va a pasar con vosotros? Tomemos todos los estados, ambos sexos, todas las condiciones: esposos, esposas, viudas, mujeres jvenes, hombres jvenes, soldados, comerciantes, artesanos, pobres y ricos, nobles y plebeyos. Qu podemos decir acerca de todas estas personas que estn viviendo tan mal? El siguiente relato de San Vicente Ferrer os mostrar una realidad muy trgica. Relata que un archidicono en Lyon renunci a su cargo y se retir a un lugar desierto para hacer penitencia, y que muri el mismo da y hora que San Bernardo. Despus de su muerte, se le apareci a su obispo y le dijo: "Sepa, Monseor, que en el mismo momento que mor, treinta y tres mil personas tambin murieron. De esta cifra, Bernardo y yo fuimos al Cielo sin demora, tres se fueron al purgatorio, y todos los dems cayeron en el Infierno."

Nuestras crnicas relatan un suceso an ms terrible. Uno de nuestros hermanos, bien conocido por su doctrina y santidad, estaba predicando en Alemania. Represent la fealdad del pecado de impureza tan fuertemente que una mujer cay muerta de tristeza en frente de todos. Luego, volviendo a la vida, dijo, "Cuando fui presentada ante el Tribunal de Dios, sesenta mil personas llegaron al mismo tiempo de todas partes del mundo; de ese nmero, tres fueron salvadas al ir al purgatorio, y todo el resto fueron condenadas.""

Oh abismo de los juicios de Dios! Fuera de treinta mil, slo cinco se salvaron! Y fuera de sesenta mil, slo tres se fueron al Cielo! Vosotros pecadores que me estis escuchando, en qu categora vais a ser numerados? ... Qu decs? ... Qu pensis? ...

Veo a casi todos vosotros bajar la cabeza, llenos de asombro y horror. Pero vamos a poner nuestro estupor a un lado, y en lugar de halagarnos a nosotros mismos, tratemos de sacar algn provecho de nuestro miedo. No es cierto que hay dos caminos que conducen al Cielo: la inocencia y el arrepentimiento? Ahora, si os muestro que muy pocos toman uno de estos dos caminos, como personas racionales llegaris a la conclusin de que muy pocos se salvan. Y para mencionar las pruebas: en qu edad, empleo o condicin encontraris que el nmero de los malos no es cien veces mayor al de los buenos?, y sobre el cual uno podra decir, "Los buenos son tan raros y los malvados son tan grandes en nmero". Podramos decir de nuestro tiempo lo que Salviano dijo del suyo: Es ms fcil encontrar una innumerable multitud de pecadores, inmersos en toda clase de iniquidades que a unos pocos hombres inocentes. Cuntos servidores son totalmente honestos y fieles en sus funciones?, cuntos comerciantes son justos y equitativos en su comercio?, cuntos artesanos exactos y veraces?, cuntos vendedores desinteresados y sinceros?, cuntos hombres de la ley no abandonan la equidad?, cuntos soldados no pisan al inocente?, cuntos seores no retienen injustamente el salario de quienes les sirven, o no tratan de dominar a sus inferiores? En todas partes, los buenos son raros y los malvados en gran nmero. Quin no sabe que hoy en da hay tanto libertinaje entre los hombres maduros, libertad entre las jvenes, vanidad entre las mujeres, sensualidad en la nobleza, corrupcin en la clase media, disolucin en el pueblo, impudencia entre los pobres?, que uno podra decir lo que David dijo de su poca: "Todos por igual se han ido por mal camino ... no hay ni siquiera uno que haga el bien, ni siquiera uno."

Id a la calle y a la plaza, al palacio y a la casa, a la ciudad y al campo e incluso al templo de Dios. Dnde se encuentra la virtud? "Ay!" grita Salviano, "salvo por un nmero muy pequeo que huye del mal, qu es la asamblea de los Cristianos si no un sumidero de vicio?". Todo lo que podemos encontrar en todas partes es el egosmo, la ambicin, la gula y el lujo. No est la mayor proporcin de hombres contaminados con el vicio de la impureza?, y no est San Juan correcto al decir: "El mundo entero - si algo tan atroz se podra decir as - est sentado en la perversin"? Yo no soy el que os dice esto; la razn os obliga a creer que de aquellos que viven tan mal, muy pocos se salvan.

Pero vosotros diris: Puede la penitencia reparar la prdida de la inocencia? Eso es cierto, lo admito. Pero tambin s que la penitencia es muy difcil en la prctica, hemos perdido la costumbre de manera tan completa, y es tan maltratada por los pecadores, que esto slo debera ser suficiente para convenceros de que muy pocos se salvan por ste camino. Oh, cun empinada, estrecha, espinosa, horrible de ver y difcil de escalar que es! Dondequiera que miremos, vemos rastros de sangre y cosas que atraen tristes recuerdos. Muchos se debilitan a la vista de ella. Muchos se retiran al primer momento. Muchos caen de cansancio en el medio, y muchos se rinden miserablemente al final. Y cun pocos son los que perseveran en ella hasta la muerte! San Ambrosio dice que es ms fcil encontrar hombres que han mantenido su inocencia que encontrar hombres que han hecho penitencia apropiada.

Si se considera el sacramento de la penitencia, hay tantas confesiones distorsionadas, tantas excusas estudiadas, tantos arrepentimientos engaosos, tantas falsas promesas, tantas resoluciones intiles, tantas absoluciones invlidas! Se considera como vlida la confesin de alguien que se acusa de pecados de impureza y todava se aferra a la ocasin de ellos?, o de alguien que se acusa de injusticias evidentes, sin la intencin de hacer reparacin alguna por ellas?, o de alguien que cae de nuevo en las mismas iniquidades despus de ir a la confesin? Oh, los horribles abusos de tan gran sacramento! Uno se confiesa para evitar la excomunin, otro para hacer una reputacin como penitente. Uno se libera de sus pecados para calmar su remordimiento, otro los oculta por vergenza. Uno los acusa imperfectamente por malicia, otro los dice por costumbre. Uno no tiene el verdadero fin del sacramento en la mente, a otro le falta la pena necesaria, y a otro el firme propsito. Pobres confesores, qu esfuerzos hacis vosotros para atraer al mayor nmero de los penitentes a estos actos y resoluciones, sin los cuales la confesin es un sacrilegio, la absolucin una condena y la penitencia una ilusin?

Dnde estn ahora, los que creen que el nmero de los que se salvan entre los Cristianos es mayor que el de los condenados y quienes, para autorizar su opinin, razonan de esta manera: la mayor parte de los Catlicos adultos mueren en sus camas, armados con los sacramentos de la Iglesia, por lo tanto, la mayora de los Catlicos adultos se salvan? Oh, qu buen razonamiento! Vosotros debis decir exactamente lo contrario. La mayora de los Catlicos adultos se confiesan mal en la muerte, por lo tanto la mayora de ellos estn condenados. Digo "en todo es ms seguro", porque, para una persona moribunda que no se ha confesado bien cuando se encontraba en buen estado de salud, ser an ms difcil hacerlo cuando est en cama con un corazn pesado, una cabeza inestable, una mente confusa; cuando se opone an en muchos aspectos por objetos que an viven, por ocasiones an recientes, por hbitos adoptados, y sobre todo por los demonios que buscan todos los medios para echarlo al Infierno. Ahora, si aaden a todos estos falsos penitentes todos los otros pecadores que mueren de forma inesperada en pecado, debido a la ignorancia de los mdicos o por culpa de sus familiares, que mueren por envenenamiento o al ser enterrados en los terremotos, o en una cada, o en el campo de batalla, en una pelea, en una trampa, alcanzados por un rayo, quemados o ahogados, no sois obligados a concluir que la mayora de adultos Cristianos son condenados? Ese es el razonamiento de San Juan Crisstomo. Este santo dice que la mayora de los Cristianos estn caminando en el camino al Infierno a lo largo de su vida. Por qu, entonces, estis tan sorprendidos si decimos que el mayor nmero va al Infierno?

La respuesta, vosotros me diris, es que la misericordia de Dios es grande. S, para los que le temen, dice el Profeta, pero grande es Su justicia para los que no le temen, y condena a todos los pecadores obstinados.

As que me diris: Bueno, entonces, para quin es el paraso, si no es para los Cristianos? Es para los Cristianos, por supuesto, pero para aquellos que no deshonran su carcter y que viven como Cristianos. Adems, si al nmero de adultos Cristianos que mueren en gracia de Dios, se aade el de innumerable nios que mueren despus del bautismo y antes de llegar a la edad de la razn, no se sorprendern de que San Juan Apstol, hablando de los que se salvan, dice, "vi una gran multitud que nadie poda contar".

Y esto es lo que engaa a aquellos que pretenden que el nmero de los que se salvan entre los Catlicos es mayor del que los que son condenados ... Si a ese nmero, se aade el de los adultos que han mantenido el manto de la inocencia, o que despus de haberlo manchado, lo han lavado en las lgrimas de la penitencia, es cierto que se salva un mayor nmero; y que explica las palabras de San Juan, "Yo vi una gran multitud", y estas otras palabras de nuestro Seor, "Muchos vendrn de oriente y de occidente, y harn fiesta con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos", y las otras figuras que suelen citarse a favor de esa opinin. Pero si estamos hablando de los Cristianos adultos, la experiencia, la razn, la autoridad, la propiedad y la Escritura, todos estn de acuerdo en aprobar que el mayor nmero es condenado. No creas que por esto, el paraso est vaco; por el contrario, es un reino muy poblado. Y si los condenados son "tan numerosos como la arena en el mar", los salvados son "tan numerosos como las estrellas del cielo", es decir, tanto el uno como el otro son innumerables, aunque en proporciones muy diferentes.

Un da San Juan Crisstomo, predicando en la catedral de Constantinopla, y teniendo en cuenta estas proporciones, no poda dejar de temblar de horror y preguntar: "Fuera de ste gran nmero de personas, cuntos creen que se van a salvar?" Y sin esperar una respuesta, aadi, "Entre tantos miles de personas, no encontraramos un centenar que se salvasen, e incluso dudo de los cien". Qu cosa tan horrible! El gran santo cree que de tantas personas, apenas cien se salvaran, y an peor, no estaba seguro de esa cifra. Qu os pasar a vosotros que me estis escuchando? Dios mo, no puedo pensar en esto sin estremecerme! Hermanos, el problema de la salvacin es una cosa muy difcil, pues de acuerdo a las mximas de los telogos, cuando un fin exige grandes esfuerzos, slo unos pocos logran alcanzarlo.

Por eso, Santo Toms, el Doctor Angelical lleg a la conclusin de que el mayor nmero de Catlicos adultos son condenados. l dice, "Debido a que la beatitud eterna sobrepasa al estado natural, sobre todo porque ha sido privado de la gracia original, es un pequeo nmero el que se salva."

Entonces, quitaos las vendas de los ojos que os ciega con el amor propio, que os impide creer una verdad tan obvia dndoles ideas muy falsas acerca de la justicia de Dios. "Padre Justo, el mundo no Te ha conocido", dijo Nuestro Seor Jesucristo. l no dice "Padre Todopoderoso, Bondadoso y Misericordioso". Dice "Padre Justo", por lo que podemos entender que, de todos los atributos de Dios, ninguno es ms conocido que Su justicia, porque los hombres se niegan a creer lo que tienen miedo a sufrir. Por lo tanto, quitaos las vendas que cubren vuestros ojos y decid entre lgrimas: Ay! El mayor nmero de Catlicos, el mayor nmero de personas que viven aqu, incluso tal vez de los que estn en esta asamblea, se condenar! Qu tema podra ser ms merecedor de sus lgrimas?

El rey Jerjes, de pie sobre una colina, mirando a su ejrcito de cien mil soldados en orden de combate, y considerando que de todos ellos no habra un solo hombre vivo en cien aos, no pudo contener sus lgrimas. No tenemos ms razn para llorar al pensar que de tantos Catlicos, el mayor nmero ser condenado? Acaso ste pensamiento no har a nuestros ojos derramar ros de lgrimas, o al menos producir en nuestro corazn el sentimiento de compasin que sinti un hermano agustino llamado Marcelo de Santo Domingo? Un da, mientras estaba meditando sobre los sufrimientos eternos, el Seor le mostr cuntas almas se estaban yendo al Infierno en ese momento y le hizo ver un camino muy amplio en el que veintids mil reprobados fueron corriendo hacia el abismo, chocndose entre s. El siervo de Dios se qued estupefacto ante la visin y exclam: "Oh, qu nmero! Qu nmero! Y an vienen ms. Oh Jess! Oh Jess! Qu locura!" Dejadme repetir con Jeremas: "Quin le dar agua a mi cabeza, y una fuente de lgrimas a mis ojos? Y llorar da y noche por los muertos de la hija de mi pueblo."

Pobres almas! Cmo se puede correr tan de prisa hacia el Infierno? Por amor a la piedad, deteneos y escuchadme un momento! Entendis lo que significa ser salvados y ser condenados por toda la eternidad, o no? Si vosotros entendis y, a pesar de eso, no decids cambiar vuestra vida hoy, hacer una buena confesin y pisotear al mundo yo digo que no tenis fe. Saber que podemos ser salvados por toda la eternidad o ser condenados por toda la eternidad, y no hacer todo esfuerzo para evitar uno, y asegurarse del otro, es algo inconcebible.

La Bondad de Dios

Tal vez vosotros todava no creis en la terrible verdad que os acabo de ensear. Pero son la mayora de los telogos altamente considerados, los Padres ms ilustres que han hablado a travs de m. Entonces, cmo se pueden resistir a razones con el apoyo de tantos ejemplos y las palabras de la Escritura? Si vosotros an no os decids, a pesar de esto, y si vuestras mentes se inclinan a la opinin contraria, esta consideracin no basta para hacerlos temblar? Oh, esto muestra que no os importa mucho su salvacin! En esta importante cuestin, un hombre sensato es golpeado con ms fuerza por una mnima duda del peligro que corre, que por la evidencia de la ruina total en otros asuntos en los que el alma no est implicada. Uno de nuestros hermanos, Giles de Ass, tena la costumbre de decir que si un slo hombre iba a ser condenado, l hara todo lo posible para asegurarse de que no fuera ese hombre.

Entonces, qu debemos hacer nosotros que sabemos que la mayor parte va a ser condenada, y no slo de todos los Catlicos? Qu debemos hacer? Tomar la resolucin de pertenecer al pequeo nmero de los que se salvan. Vosotros diris: Si Cristo quera condenarme, entonces por qu me cre? Silencio, lengua precipitada! Dios no cre a nadie para condenarlo; sino que aquel que est condenado, est condenado porque quiere estarlo. Por lo tanto, voy a tratar de defender la bondad de mi Dios y de absolverla de toda culpa: esto ser el tema de mi segundo punto.

Antes de continuar, vamos a reunir a un lado todos los libros y todas las herejas de Lutero y Calvino, y en el otro lado los libros y las herejas de los pelagianos y semipelagianos, y vamos a quemarlos. Algunos destruyen la gracia, otros la libertad, y todos estn llenos de errores; as que los echamos en el fuego. Todos los condenados tienen en frente suyo el orculo del profeta Oseas, "Tu condena proviene de ti", de modo que podis entender que todo el que est condenado, est condenado por su propia malicia y porque quiere estar condenado.

Primero vamos a tomar estas dos verdades innegables como base: "Dios quiere que todos los hombres se salven," "Todos se encuentran en necesidad de la gracia de Dios". Ahora, si me mostris que Dios quiere salvar a todos los hombres, y que para ello les da a todos ellos Su gracia y todos los dems medios necesarios para obtener este fin sublime, estaris obligados a aceptar que quien est condenado debe imputarlo a su propia malicia, y que si el mayor nmero de Cristianos son condenados, es porque quieren serlo. "Tu maldicin proviene de ti; tu ayuda es slo en M."

Dios Quiere que Todos los Hombres se Salven

En un centenar de lugares en las Sagradas Escrituras, Dios nos dice que es realmente su deseo el de salvar a todos los hombres. "Es acaso mi voluntad que el pecador muera, y no que se convierta de sus caminos? ... Vivo yo, dice el Seor. Yo no deseo la muerte del pecador. Si se convierte, vivir". Cuando alguien quiere algo mucho, se dice se est muriendo del deseo. Pero Dios ha querido y an quiere nuestra salvacin, tanto, que muri de deseo, y sufri la muerte para darnos vida. Esta voluntad de salvar a todos los hombres no es por lo tanto una voluntad superficial y aparente en Dios; es una voluntad real, efectiva, y beneficiosa; porque l nos da los medios ms adecuados para ser salvos. Nos los da con la intencin de que podamos obtener su efecto. Y si no lo obtenemos, se muestra afligido y ofendido por ello.

Es ms, porque Dios ve que ni siquiera podemos hacer uso de Su gracia sin Su ayuda, l nos da otras ayudas; y si continan ineficaces, es nuestra culpa; porque con estas mismas ayudas, se puede abusar y ser condenados con ellas, ms otro con ellas puede hacer el bien y ser salvo.

San Agustn exclama: "Si, por tanto, alguien se aparta de la justicia, ste es llevado por su libre voluntad, encabezada por su concupiscencia, engaado por su propia conviccin". Pero para aquellos que no entienden teologa, esto es lo que les tengo que decir: Dios es tan bueno que cuando ve a un pecador corriendo a su ruina, corre detrs de l, le llama, le suplica y lo acompaa hasta las puertas del Infierno, qu no har para convertirlo?. Le enva buenas inspiraciones y pensamientos santos, y en caso de que no saque provecho de ellos, l se enoja y se indigna, l le persigue. Le golpear? No, l golpea el aire y lo perdona. Pero el pecador no se convierte todava. Dios le enva una enfermedad mortal. Sin duda, es todo para l. No, hermanos, Dios lo cura; el pecador se obstina en el mal, y Dios en su misericordia, busca otro camino; l le da un ao ms, y cuando ste ao pasa, es ms, le concede otro.

Pero si el pecador todava quiere arrojarse al Infierno a pesar de todo esto, qu hace Dios?, le abandona? No, l lo toma de la mano, y mientras que l tiene un pie en el Infierno y el otro fuera, l le predica y le implora que no abuse de Sus gracias. Ahora les pregunto, si ese hombre es condenado, no es cierto que es condenado en contra de la voluntad de Dios y porque quiere ser condenado. Pecador ingrato, aprende hoy que si eres condenado, no es Dios quien tiene la culpa, sino eres t y tu propia voluntad.

Hermanos, debis saber que la creencia ms antigua es la Ley de Dios, y que todos la llevamos escrita en nuestros corazones; que se puede aprender sin maestro, y que basta con tener la luz de la razn para conocer todos los preceptos de esta Ley. Por eso incluso los brbaros se escondieron cuando cometieron pecado, porque saban que estaban haciendo mal; y que son condenados por no haber observado la ley natural escrita en sus corazones: porque si la hubieran observado, Dios habra hecho un milagro en lugar de dejarlos que fueran condenados. l les habra enviado a alguien para que les enseara y les hubiera dado otras ayudas, de las que se hicieron indignos por no vivir en conformidad con las inspiraciones de su propia conciencia, que nunca dej de advertirles del bien que deberan hacer y el mal que deberan evitar. As que es su conciencia, la que los acus en el Tribunal de Dios, y les dice constantemente en el Infierno, "tu condena proviene de ti." Ellos no saben qu responder y se ven obligados a confesar que son merecedores de su suerte. Ahora bien, si estos infieles no tienen excusa, habr alguna para un catlico que tena tantos sacramentos, tantos sermones, tantas ayudas a su disposicin? Cmo se atreve a decir: "Si Dios iba a condenarme, por qu me ha creado?". Cmo se atrevera a hablar de esta manera, cuando Dios le da tantas ayudas para ser salvo? As que terminemos frustrndole.

Vosotros, que estis sufriendo en el abismo, contestadme! Hay Catlicos entre vosotros? "Por cierto que hay!" Cuntos? Que uno de ellos venga aqu! "Eso es imposible, estn demasiado abajo, y para poder hacer que ellos vengan arriba tendramos que poner todo el Infierno de cabeza; sera ms fcil detener a uno de ellos que est cayendo adentro" As pues, me dirijo a vosotros que vivs en el hbito de pecado mortal, en el odio, en el fango del vicio de la impureza, y que os acercis al Infierno cada da. Detente, y da la vuelta, es Jess quien te llama y quien, con sus heridas, as como con tantas voces elocuentes, te grita: "Hijo mo, si eres condenado, slo te puedes culpar a ti mismo: Tu condenacin proviene de ti. Alza tus ojos y ve todas las gracias con las que te he enriquecido para asegurar tu salvacin eterna. Te podra haber hecho nacer en un bosque en Babaria, que es lo que hice con muchos otros, pero Yo te hice nacer en la Iglesia Catlica; te puse un padre tan bueno, una madre excelente, con las ms puras instrucciones y enseanzas. Si eres condenado a pesar de esto, quin tiene la culpa? Tu propia culpa es, Hijo mo, tu propia culpa: Tu condenacin proviene de ti".

"Yo te poda haber echado en el Infierno despus del primer pecado mortal que cometiste, sin esperar al segundo: lo hice a tantos otros, pero fui paciente contigo, te esper durante muchos largos aos. Todava te estoy esperando hoy en la Penitencia. Si eres condenado, a pesar de todo eso, de quin es la culpa? Tu culpa es, hijo mo, tu propia culpa: Tu condena proviene de ti. T sabes cuntos han muerto ante tus propios ojos y fueron condenados, sta era una advertencia para ti. T sabes cuantos otros he puesto por el buen camino para darte el buen ejemplo. Recuerdas lo que ese excelente confesor te dijo? Yo soy el que hizo que lo dijera. No te orden cambiar tu vida, para hacer una buena confesin? Yo soy el que lo inspir. Recuerdas aquel sermn que toc tu corazn? Yo soy el que te llev ah. Y lo que pas entre t y Yo en el secreto de tu corazn que nunca podrs olvidar".

"Esas inspiraciones interiores, ese conocimiento claro, ese constante remordimiento de conciencia, te atreves a negarlos? Todas estas fueron tantas ayudas de Mi gracia, porque quera salvarte. Te las di a ti porque te amaba tiernamente. Hijo mo, hijo mo, si Yo le hubiera hablado a otros con tanta ternura como me dirijo a ti hoy, cuntas almas hubieran vuelto al camino correcto? Y t me das la espalda. Escucha lo que te voy a decir, pues estas son mis ltimas palabras: T me has costado mi sangre; si quieres ser condenado a pesar de la sangre que derram por ti, no me culpes, slo a ti mismo te puedes acusar; y por toda la eternidad, no olvides que si eres condenado a pesar de m, eres condenado porque quieres ser condenado: Tu condena proviene de ti'.

Oh, mi buen Jess, las piedras mismas se partiran al or palabras tan dulces, expresiones tan tiernas. Hay alguien aqu que quiera ser condenado, con tantas gracias y ayudas? Si hay uno, dejadle que me escuche, y que se resista si puede.

Pecadores os suplico de rodillas, con la sangre de Cristo y el Corazn de Mara, que cambiis vuestras vidas. Volved al camino que conduce al Cielo, y haced todo lo posible por pertenecer al pequeo nmero de los que se salvan. Pues bien, chate a los pies de Jesucristo, y dile, con lgrimas en los ojos y el corazn contrito:

"Seor, confieso que hasta ahora no he vivido como cristiano. No soy digno de ser contado entre tus elegidos. Reconozco que merezco ser condenado; pero tu misericordia es grande y lleno de confianza en tu gracia, Te digo que quiero salvar mi alma, aunque tenga que sacrificar mi fortuna, mi honor, y hasta mi vida, con tal que sea salvado. Si he sido infiel hasta ahora, me arrepiento, deploro, detesto mi infidelidad, te pido humildemente que me perdones por ello. Perdname, buen Jess, y tambin fortalceme, para que pueda ser salvado. Te pido no la riqueza, ni el honor ni la prosperidad; te pido una sola cosa, que salves mi alma."

Y t, oh Jess!, qu dices? Oh buen Pastor, mira a la oveja descarriada que vuelve a ti; abraza a este pecador arrepentido, bendice sus suspiros y sus lgrimas.

Hermanos, a los pies de Nuestro Seor, digmosle que queremos salvar nuestra alma, cueste lo que cueste. Pongmonos todos a decirle con los ojos llenos de lgrimas, Buen Jess, yo quiero salvar mi alma,. Oh, benditas lgrimas, benditos suspiros!

Conclusin

Hermanos, quiero despediros a todos vosotros consolados hoy. As que si preguntan mi sentimiento acerca del nmero de los que se salvan, aqu est: si hay muchos o pocos los que se salvan, digo que todo aquel que quiere ser salvo, ser salvo; y que nadie puede ser condenado si no quiere serlo. Y si bien es cierto que pocos se salvan, es porque hay pocos que viven bien.

Por lo dems, comparad estas dos opiniones: la primera afirma que son condenados el mayor nmero de Catlicos. La segunda, por el contrario, pretende que se salvan el mayor nmero de Catlicos. Imaginaos a un ngel enviado por Dios para confirmar la primera opinin, viene a decir que no slo son la mayora de los Catlicos condenados, sino que de esta reunin de todo estos aqu presentes, uno solo ser salvo. Si obedeces los mandamientos de Dios, si detestas la corrupcin de ste mundo, si abrazas la cruz de Jesucristo en un espritu de penitencia, sers ese uno que se salvar.

Ahora imagnense al mismo ngel que regrese a vosotros confirmando la segunda opinin. l os dice que no slo son la mayor parte de los Catlicos salvados, sino que de todos en esta reunin, uno solo va a ser condenado y todos los dems salvados. Si despus de esto, continas con tus usuras, tus venganzas, tus acciones criminales, tus impurezas, entonces sers se uno que ser condenado.

Cul es el uso de saber si muchos o pocos se salvan? San Pedro nos dice: "Esfurzate con las buenas obras para hacer tu eleccin segura." Cuando la hermana de Santo Toms de Aquino le pregunt qu deba hacer para ir al Cielo, ste dijo: "sers salva si deseas serlo." Yo os digo lo mismo a vosotros, y aqu est la prueba de mi declaracin. Nadie es condenado si no comete pecado mortal, eso es de la fe. Y nadie comete un pecado mortal, a menos que quiera: que es una proposicin teolgica innegable. Por lo tanto, nadie va al Infierno a menos que quiera; la consecuencia es obvia. Acaso eso no es suficiente para consolaros a vosotros? Llorad por los pecados del pasado, haced una buena confesin, no pequis ms en el futuro, y todos seris salvos. Por qu te atormentes as? Porque es cierto que hay que cometer pecado mortal para ir al Infierno, y que para cometer pecado mortal debes de querer hacerlo, y como consecuencia, nadie va al Infierno a menos que quiera. Esto no es slo una opinin, es una verdad innegable y muy reconfortante; Dios os haga entender, y que l los bendiga. Amn.



 
El Pequeo Nmero de los Que Se Salvan
por San Leonardo de Porto Maurizio

Introduccin
La Enseanza de los Padres de la Iglesia
Las palabras de la Sagrada Escritura
La salvacin en los diferentes Estados de Vida
La Bondad de Dios
Dios Quiere que Todos los Hombres se Salven
Conclusin



Introduccin

Alabado sea el Seor, el nmero de los discpulos del Redentor no es tn pequeo que la maldad de los Escribas y Fariseos es capaz de triunfar sobre ellos. Aunque estos intentaron caluminar la inocencia y engaar a las multitudes con sus sofisteras desleales al desacreditar la doctrina y el carcter de Nuestro Seor, encontrando manchas hasta en el sol, an muchos lo reconocieron como el verdadero Mesas y, sin temor de castigos o amenazas, abiertamente se unieron con Su causa. Ahora: todos los que lo siguieron a Cristo, lo siguieron hasta la gloria? Ah, aqu es donde yo revero el profundo misterio y adoro silenciosamente los abismos de los decretos divinos, en vez de decidir precipitadamente sobre un punto tan enorme! El tema que estar explayando hoy es un tema muy grave: ha hecho que hasta los pilares de la Iglesia misma tiemblen; ha llenado de temor a los Santos mas grandiosos, y a los desiertos con ermitaos. El fn de esta instruccin es en decidir si el nmero de Cristianos que se salvan es mayor o menor que el nmero de Cristianos que son condenados. Espero que produzca un temor saludable de los juicios de Dios.

Hermanos, por el amor que tengo por vosotros, deseara ser capaz de aseguraros con la perspectiva de la felicidad eterna a cada uno de vosotros dicindoos: Es seguro que irs al paraso; el mayor nmero de los Cristianos se salva, por lo que tambin t te salvars. Pero cmo puedo daros esta dulce garanta si os rebelis contra los decretos de Dios como si fuerais sus propios peores enemigos? Observo en Dios un deseo sincero de salvaros, pero encuentro en vosotros una inclinacin decidida a ser condenados. Entonces, qu voy a hacer hoy si hablo con claridad? Ser desagradable para vosotros. Pero si no hablo, ser desagradable para Dios.

Por lo tanto, voy a dividir ste tema en dos puntos. En el primero, para llenaros de terror, voy a dejar que los telogos y los Padres de la Iglesia decidan sobre el tema y declaren que el mayor nmero de los Cristianos adultos son condenados; y, en adoracin silenciosa de ese terrible misterio, mantendr mis sentimientos para m mismo. En el segundo punto tratar de defender la bondad de Dios de los impos, al demostraros que los que son condenados son condenados por su propia malicia, porque queran ser condenados. As entonces, aqu hay dos verdades muy importantes. Si la primera verdad os asusta, no me guardis rencor, como si yo quisiera hacer el camino hacia el Cielo ms estrecho para vosotros, porque quiero ser neutral en ste asunto; sino ms bien guardarle rencor a los telogos y a los Padres de la Iglesia, quienes grabarn esta verdad en vuestros corazones con la fuerza de la razn. Si vosotros sois desilusionados por la segunda verdad, dad gracias a Dios por esta, pues l slo quiere una cosa: que le deis vuestros corazones totalmente a l. Por ltimo, si me obligis a decir claramente lo que pienso, lo har para vuestro consuelo.

La Enseanza de los Padres de la Iglesia

No es vana curiosidad, sino ms bien una precaucin saludable proclamar desde lo alto del plpito ciertas verdades que sirven maravillosamente para contener la indolencia de los libertinos, que siempre estn hablando de la misericordia de Dios y de lo fcil que es convertir, que viven sumidos en toda clase de pecados y se quedan profundamente dormidos en el camino al Infierno. Para desilusionarlos y para despertarlos de su letargo, hoy vamos a examinar esta gran pregunta: Es el nmero de Cristianos que se salva mayor que el nmero de Cristianos que se condena?

Almas piadosas, pueden irse; ste sermn no es para vosotros. Su nico propsito es contener el orgullo de los libertinos que echan el santo temor de Dios fuera de su corazn y unen sus fuerzas con las del diablo. Para resolver esta duda, pongamos a los Padres de la Iglesia, tanto griegos como latinos, por un lado; por el otro, a los telogos ms sabios e historiadores ms eruditos; y dejemos la Biblia en el centro para que todos la vean. Ahora, no escuchis lo que yo voy a decir - pues ya he dicho que no quiero hablar por m mismo o decidir sobre la materia -, sino ms bien escuchad lo que estas grandes mentes tienen que deciros, ellos que son faros en la Iglesia de Dios para dar luz a los dems para que no perdis el camino al Cielo. De esta manera, guiados por la triple luz de la fe, la autoridad y la razn, vamos a ser capaces de resolver este grave asunto con certeza.

Notad bien que no se trata aqu de la raza humana en su conjunto, ni de todos los Catlicos sin distincin, sino slo de los Catlicos adultos, que tienen libertad de eleccin y por tanto son capaces de cooperar en el gran asunto de su salvacin. Primero consultemos a los telogos reconocidos por examinar las cosas con ms cuidado y no exagerar en su enseanza; escuchemos a dos sabios cardenales, Cayetano y Belarmino. Ellos ensean que el mayor nmero de los Cristianos adultos son condenados. Citar tambin a Surez. Despus de consultar a todos los telogos y de hacer un estudio diligente del asunto, escribi, "El sentimiento ms comn que se tiene es que, entre los Cristianos, hay ms almas condenadas que almas predestinadas."

Aadid la autoridad de los padres griegos y latinos a la de los telogos, y vosotros encontraris que casi todos dicen lo mismo. ste es el sentimiento de San Teodoro, San Basilio, San Efrn y San Juan Crisstomo. Es ms, segn Baronio era una opinin comn entre los padres griegos que esta verdad fue expresamente revelada a San Simen Estilita y que despus de esta revelacin, fue para asegurar su salvacin que l decidi vivir en lo alto de un pilar durante cuarenta aos, expuesto a la intemperie, un modelo de penitencia y de santidad para todos. Ahora consultemos a los Padres latinos. Vosotros escucharis a San Gregorio diciendo claramente: "Muchos alcanzan la fe, pero pocos hasta el reino celestial." San Anselmo declara: "Hay pocos que se salvan." San Agustn afirma an ms claramente: "Por lo tanto, pocos se salvan en comparacin de aquellos que son condenados". El ms terrible, sin embargo, es San Jernimo. Al final de su vida, en presencia de sus discpulos, l dijo estas terribles palabras: "Fuera de cien mil personas cuyas vidas han sido siempre malas, encontrarn apenas una que es digna de indulgencia."

Las palabras de la Sagrada Escritura

Pero por qu buscar las opiniones de los Padres y telogos, cuando la Sagrada Escritura resuelve la pregunta con tanta claridad? Buscad en el Antiguo y Nuevo Testamento, y vosotros encontraris una multitud de figuras, smbolos y palabras que sealan claramente esta verdad: muy pocos se salvan. En el tiempo de No, la raza humana entera qued sumergida por el Diluvio, y slo ocho personas fueron salvadas en el Arca. San Pedro dice: "Esta arca, es la figura de la Iglesia", mientras que San Agustn, aade, "Y estas ocho personas que se salvaron significa que muy pocos Cristianos se salvan, porque son muy pocos los que sinceramente renuncian al mundo, y aquellos que renuncian al mundo slo con palabras no pertenecen al misterio que representa esta arca." La Biblia tambin nos dice que slo dos hebreos de cada dos millones entraron en la Tierra Prometida despus de salir de Egipto, y que slo cuatro escaparon del fuego de Sodoma y de las otras ciudades que se incendiaron y perecieron con sta. Todo esto significa que el nmero de los condenados que ser arrojado al fuego como paja es mucho mayor que la de los salvados, que el Padre celestial un da reunir en Sus graneros, como trigo precioso.

No acabara si yo tuviera que sealar todas las figuras, por las que la Sagrada Escritura confirma esta verdad; contentmonos con escuchar al orculo viviente de la Sabidura Encarnada. Qu le respondi Nuestro Seor a aquel hombre curioso en el Evangelio que le pregunt: "Seor, son pocos los que se salvan?". Guard silencio? Respondi con dificultad? Ocult su pensamiento por temor a asustar a la gente? No. Interrogado por uno solo, se dirigi a todos los presentes. Les dijo: "Vosotros me preguntis si slo unos pocos se salvan?". He aqu mi respuesta: "Esforzaos por entrar por la puerta angosta; porque muchos, os digo, tratarn de entrar y no podrn." Quin habla aqu? Es el Hijo de Dios, la Verdad Eterna, que en otra ocasin, dice an ms claro: "Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos." l no dice que todos son llamados y que, de todos los hombres, pocos son los elegidos, sino que muchos son los llamados; lo que significa, como San Gregorio explica, que de todos los hombres, muchos son los llamados a la Verdadera Religin, pero de ellos pocos se salvan. Hermanos, estas son las palabras de Nuestro Seor Jesucristo. Son claras? Son verdaderas. Dime ahora entonces si te es posible tener fe en tu corazn y no temblar.

La salvacin en los diferentes Estados de Vida

Pero, ah!, veo que al hablar de esta manera a todos en general, me salgo de mi punto. As que vamos a aplicar esta verdad a varios estados de vida. Hay algn estado en el mundo ms favorable a la inocencia en la que la salvacin parece ms fcil y del cual la gente tiene una idea ms elevada que la de los sacerdotes, los lugartenientes de Dios? A primera vista, quin no creera que la mayora de ellos no slo son buenos sino incluso perfectos; sin embargo, estoy horrorizado cuando escucho a San Jernimo declarar que aunque el mundo est lleno de sacerdotes, apenas uno de cada cien est viviendo en un manera conforme con su estado; cuando oigo a un siervo de Dios diciendo que ha aprendido por revelacin que el nmero de sacerdotes que caen en el Infierno cada da es tan grande que le parece imposible que quede alguno en la tierra; cuando oigo a San Juan Crisstomo exclamando con lgrimas en sus ojos, "no creo que muchos sacerdotes se salven; yo creo lo contrario, que el nmero de los que son condenados es mayor."

Mira an ms alto, y mira a los prelados de la Santa Iglesia, pastores que tienen a cargo las almas. Es el nmero de los que se salvan entre ellos mayor al nmero de los que son condenados? Escuchad a Cantimpr y sacad vosotros mismos las conclusiones. Hubo un snodo que se celebr en Pars, y un gran nmero de obispos y pastores que tenan a cargo las almas estuvieron presentes; el rey y los prncipes tambin fueron a aadir lustre a esa asamblea con su presencia. Un famoso predicador fue invitado a predicar. Mientras estaba preparando su sermn, un horrible demonio se le apareci y le dijo: "Pon tus libros a un lado. Si quieres dar un sermn que ser til para los prncipes y prelados, algrate con decirles esto de nuestra parte, Nosotros los prncipes de las tinieblas les agradecemos, prncipes, prelados y pastores de almas, que debido a su negligencia, la mayor parte de los fieles son condenados; adems, estamos guardando una recompensa para vosotros por ste favor, cuando vosotros estis con nosotros en el Infierno."

Ay de vosotros que mandis a otros! Si tantos son condenados por vuestra culpa, qu va a pasar con vosotros? Si pocos de los que son primeros en la Iglesia de Dios se salvan, qu va a pasar con vosotros? Tomemos todos los estados, ambos sexos, todas las condiciones: esposos, esposas, viudas, mujeres jvenes, hombres jvenes, soldados, comerciantes, artesanos, pobres y ricos, nobles y plebeyos. Qu podemos decir acerca de todas estas personas que estn viviendo tan mal? El siguiente relato de San Vicente Ferrer os mostrar una realidad muy trgica. Relata que un archidicono en Lyon renunci a su cargo y se retir a un lugar desierto para hacer penitencia, y que muri el mismo da y hora que San Bernardo. Despus de su muerte, se le apareci a su obispo y le dijo: "Sepa, Monseor, que en el mismo momento que mor, treinta y tres mil personas tambin murieron. De esta cifra, Bernardo y yo fuimos al Cielo sin demora, tres se fueron al purgatorio, y todos los dems cayeron en el Infierno."

Nuestras crnicas relatan un suceso an ms terrible. Uno de nuestros hermanos, bien conocido por su doctrina y santidad, estaba predicando en Alemania. Represent la fealdad del pecado de impureza tan fuertemente que una mujer cay muerta de tristeza en frente de todos. Luego, volviendo a la vida, dijo, "Cuando fui presentada ante el Tribunal de Dios, sesenta mil personas llegaron al mismo tiempo de todas partes del mundo; de ese nmero, tres fueron salvadas al ir al purgatorio, y todo el resto fueron condenadas.""

Oh abismo de los juicios de Dios! Fuera de treinta mil, slo cinco se salvaron! Y fuera de sesenta mil, slo tres se fueron al Cielo! Vosotros pecadores que me estis escuchando, en qu categora vais a ser numerados? ... Qu decs? ... Qu pensis? ...

Veo a casi todos vosotros bajar la cabeza, llenos de asombro y horror. Pero vamos a poner nuestro estupor a un lado, y en lugar de halagarnos a nosotros mismos, tratemos de sacar algn provecho de nuestro miedo. No es cierto que hay dos caminos que conducen al Cielo: la inocencia y el arrepentimiento? Ahora, si os muestro que muy pocos toman uno de estos dos caminos, como personas racionales llegaris a la conclusin de que muy pocos se salvan. Y para mencionar las pruebas: en qu edad, empleo o condicin encontraris que el nmero de los malos no es cien veces mayor al de los buenos?, y sobre el cual uno podra decir, "Los buenos son tan raros y los malvados son tan grandes en nmero". Podramos decir de nuestro tiempo lo que Salviano dijo del suyo: Es ms fcil encontrar una innumerable multitud de pecadores, inmersos en toda clase de iniquidades que a unos pocos hombres inocentes. Cuntos servidores son totalmente honestos y fieles en sus funciones?, cuntos comerciantes son justos y equitativos en su comercio?, cuntos artesanos exactos y veraces?, cuntos vendedores desinteresados y sinceros?, cuntos hombres de la ley no abandonan la equidad?, cuntos soldados no pisan al inocente?, cuntos seores no retienen injustamente el salario de quienes les sirven, o no tratan de dominar a sus inferiores? En todas partes, los buenos son raros y los malvados en gran nmero. Quin no sabe que hoy en da hay tanto libertinaje entre los hombres maduros, libertad entre las jvenes, vanidad entre las mujeres, sensualidad en la nobleza, corrupcin en la clase media, disolucin en el pueblo, impudencia entre los pobres?, que uno podra decir lo que David dijo de su poca: "Todos por igual se han ido por mal camino ... no hay ni siquiera uno que haga el bien, ni siquiera uno."

Id a la calle y a la plaza, al palacio y a la casa, a la ciudad y al campo e incluso al templo de Dios. Dnde se encuentra la virtud? "Ay!" grita Salviano, "salvo por un nmero muy pequeo que huye del mal, qu es la asamblea de los Cristianos si no un sumidero de vicio?". Todo lo que podemos encontrar en todas partes es el egosmo, la ambicin, la gula y el lujo. No est la mayor proporcin de hombres contaminados con el vicio de la impureza?, y no est San Juan correcto al decir: "El mundo entero - si algo tan atroz se podra decir as - est sentado en la perversin"? Yo no soy el que os dice esto; la razn os obliga a creer que de aquellos que viven tan mal, muy pocos se salvan.

Pero vosotros diris: Puede la penitencia reparar la prdida de la inocencia? Eso es cierto, lo admito. Pero tambin s que la penitencia es muy difcil en la prctica, hemos perdido la costumbre de manera tan completa, y es tan maltratada por los pecadores, que esto slo debera ser suficiente para convenceros de que muy pocos se salvan por ste camino. Oh, cun empinada, estrecha, espinosa, horrible de ver y difcil de escalar que es! Dondequiera que miremos, vemos rastros de sangre y cosas que atraen tristes recuerdos. Muchos se debilitan a la vista de ella. Muchos se retiran al primer momento. Muchos caen de cansancio en el medio, y muchos se rinden miserablemente al final. Y cun pocos son los que perseveran en ella hasta la muerte! San Ambrosio dice que es ms fcil encontrar hombres que han mantenido su inocencia que encontrar hombres que han hecho penitencia apropiada.

Si se considera el sacramento de la penitencia, hay tantas confesiones distorsionadas, tantas excusas estudiadas, tantos arrepentimientos engaosos, tantas falsas promesas, tantas resoluciones intiles, tantas absoluciones invlidas! Se considera como vlida la confesin de alguien que se acusa de pecados de impureza y todava se aferra a la ocasin de ellos?, o de alguien que se acusa de injusticias evidentes, sin la intencin de hacer reparacin alguna por ellas?, o de alguien que cae de nuevo en las mismas iniquidades despus de ir a la confesin? Oh, los horribles abusos de tan gran sacramento! Uno se confiesa para evitar la excomunin, otro para hacer una reputacin como penitente. Uno se libera de sus pecados para calmar su remordimiento, otro los oculta por vergenza. Uno los acusa imperfectamente por malicia, otro los dice por costumbre. Uno no tiene el verdadero fin del sacramento en la mente, a otro le falta la pena necesaria, y a otro el firme propsito. Pobres confesores, qu esfuerzos hacis vosotros para atraer al mayor nmero de los penitentes a estos actos y resoluciones, sin los cuales la confesin es un sacrilegio, la absolucin una condena y la penitencia una ilusin?

Dnde estn ahora, los que creen que el nmero de los que se salvan entre los Cristianos es mayor que el de los condenados y quienes, para autorizar su opinin, razonan de esta manera: la mayor parte de los Catlicos adultos mueren en sus camas, armados con los sacramentos de la Iglesia, por lo tanto, la mayora de los Catlicos adultos se salvan? Oh, qu buen razonamiento! Vosotros debis decir exactamente lo contrario. La mayora de los Catlicos adultos se confiesan mal en la muerte, por lo tanto la mayora de ellos estn condenados. Digo "en todo es ms seguro", porque, para una persona moribunda que no se ha confesado bien cuando se encontraba en buen estado de salud, ser an ms difcil hacerlo cuando est en cama con un corazn pesado, una cabeza inestable, una mente confusa; cuando se opone an en muchos aspectos por objetos que an viven, por ocasiones an recientes, por hbitos adoptados, y sobre todo por los demonios que buscan todos los medios para echarlo al Infierno. Ahora, si aaden a todos estos falsos penitentes todos los otros pecadores que mueren de forma inesperada en pecado, debido a la ignorancia de los mdicos o por culpa de sus familiares, que mueren por envenenamiento o al ser enterrados en los terremotos, o en una cada, o en el campo de batalla, en una pelea, en una trampa, alcanzados por un rayo, quemados o ahogados, no sois obligados a concluir que la mayora de adultos Cristianos son condenados? Ese es el razonamiento de San Juan Crisstomo. Este santo dice que la mayora de los Cristianos estn caminando en el camino al Infierno a lo largo de su vida. Por qu, entonces, estis tan sorprendidos si decimos que el mayor nmero va al Infierno?

La respuesta, vosotros me diris, es que la misericordia de Dios es grande. S, para los que le temen, dice el Profeta, pero grande es Su justicia para los que no le temen, y condena a todos los pecadores obstinados.

As que me diris: Bueno, entonces, para quin es el paraso, si no es para los Cristianos? Es para los Cristianos, por supuesto, pero para aquellos que no deshonran su carcter y que viven como Cristianos. Adems, si al nmero de adultos Cristianos que mueren en gracia de Dios, se aade el de innumerable nios que mueren despus del bautismo y antes de llegar a la edad de la razn, no se sorprendern de que San Juan Apstol, hablando de los que se salvan, dice, "vi una gran multitud que nadie poda contar".

Y esto es lo que engaa a aquellos que pretenden que el nmero de los que se salvan entre los Catlicos es mayor del que los que son condenados ... Si a ese nmero, se aade el de los adultos que han mantenido el manto de la inocencia, o que despus de haberlo manchado, lo han lavado en las lgrimas de la penitencia, es cierto que se salva un mayor nmero; y que explica las palabras de San Juan, "Yo vi una gran multitud", y estas otras palabras de nuestro Seor, "Muchos vendrn de oriente y de occidente, y harn fiesta con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos", y las otras figuras que suelen citarse a favor de esa opinin. Pero si estamos hablando de los Cristianos adultos, la experiencia, la razn, la autoridad, la propiedad y la Escritura, todos estn de acuerdo en aprobar que el mayor nmero es condenado. No creas que por esto, el paraso est vaco; por el contrario, es un reino muy poblado. Y si los condenados son "tan numerosos como la arena en el mar", los salvados son "tan numerosos como las estrellas del cielo", es decir, tanto el uno como el otro son innumerables, aunque en proporciones muy diferentes.

Un da San Juan Crisstomo, predicando en la catedral de Constantinopla, y teniendo en cuenta estas proporciones, no poda dejar de temblar de horror y preguntar: "Fuera de ste gran nmero de personas, cuntos creen que se van a salvar?" Y sin esperar una respuesta, aadi, "Entre tantos miles de personas, no encontraramos un centenar que se salvasen, e incluso dudo de los cien". Qu cosa tan horrible! El gran santo cree que de tantas personas, apenas cien se salvaran, y an peor, no estaba seguro de esa cifra. Qu os pasar a vosotros que me estis escuchando? Dios mo, no puedo pensar en esto sin estremecerme! Hermanos, el problema de la salvacin es una cosa muy difcil, pues de acuerdo a las mximas de los telogos, cuando un fin exige grandes esfuerzos, slo unos pocos logran alcanzarlo.

Por eso, Santo Toms, el Doctor Angelical lleg a la conclusin de que el mayor nmero de Catlicos adultos son condenados. l dice, "Debido a que la beatitud eterna sobrepasa al estado natural, sobre todo porque ha sido privado de la gracia original, es un pequeo nmero el que se salva."

Entonces, quitaos las vendas de los ojos que os ciega con el amor propio, que os impide creer una verdad tan obvia dndoles ideas muy falsas acerca de la justicia de Dios. "Padre Justo, el mundo no Te ha conocido", dijo Nuestro Seor Jesucristo. l no dice "Padre Todopoderoso, Bondadoso y Misericordioso". Dice "Padre Justo", por lo que podemos entender que, de todos los atributos de Dios, ninguno es ms conocido que Su justicia, porque los hombres se niegan a creer lo que tienen miedo a sufrir. Por lo tanto, quitaos las vendas que cubren vuestros ojos y decid entre lgrimas: Ay! El mayor nmero de Catlicos, el mayor nmero de personas que viven aqu, incluso tal vez de los que estn en esta asamblea, se condenar! Qu tema podra ser ms merecedor de sus lgrimas?

El rey Jerjes, de pie sobre una colina, mirando a su ejrcito de cien mil soldados en orden de combate, y considerando que de todos ellos no habra un solo hombre vivo en cien aos, no pudo contener sus lgrimas. No tenemos ms razn para llorar al pensar que de tantos Catlicos, el mayor nmero ser condenado? Acaso ste pensamiento no har a nuestros ojos derramar ros de lgrimas, o al menos producir en nuestro corazn el sentimiento de compasin que sinti un hermano agustino llamado Marcelo de Santo Domingo? Un da, mientras estaba meditando sobre los sufrimientos eternos, el Seor le mostr cuntas almas se estaban yendo al Infierno en ese momento y le hizo ver un camino muy amplio en el que veintids mil reprobados fueron corriendo hacia el abismo, chocndose entre s. El siervo de Dios se qued estupefacto ante la visin y exclam: "Oh, qu nmero! Qu nmero! Y an vienen ms. Oh Jess! Oh Jess! Qu locura!" Dejadme repetir con Jeremas: "Quin le dar agua a mi cabeza, y una fuente de lgrimas a mis ojos? Y llorar da y noche por los muertos de la hija de mi pueblo."

Pobres almas! Cmo se puede correr tan de prisa hacia el Infierno? Por amor a la piedad, deteneos y escuchadme un momento! Entendis lo que significa ser salvados y ser condenados por toda la eternidad, o no? Si vosotros entendis y, a pesar de eso, no decids cambiar vuestra vida hoy, hacer una buena confesin y pisotear al mundo yo digo que no tenis fe. Saber que podemos ser salvados por toda la eternidad o ser condenados por toda la eternidad, y no hacer todo esfuerzo para evitar uno, y asegurarse del otro, es algo inconcebible.

La Bondad de Dios

Tal vez vosotros todava no creis en la terrible verdad que os acabo de ensear. Pero son la mayora de los telogos altamente considerados, los Padres ms ilustres que han hablado a travs de m. Entonces, cmo se pueden resistir a razones con el apoyo de tantos ejemplos y las palabras de la Escritura? Si vosotros an no os decids, a pesar de esto, y si vuestras mentes se inclinan a la opinin contraria, esta consideracin no basta para hacerlos temblar? Oh, esto muestra que no os importa mucho su salvacin! En esta importante cuestin, un hombre sensato es golpeado con ms fuerza por una mnima duda del peligro que corre, que por la evidencia de la ruina total en otros asuntos en los que el alma no est implicada. Uno de nuestros hermanos, Giles de Ass, tena la costumbre de decir que si un slo hombre iba a ser condenado, l hara todo lo posible para asegurarse de que no fuera ese hombre.

Entonces, qu debemos hacer nosotros que sabemos que la mayor parte va a ser condenada, y no slo de todos los Catlicos? Qu debemos hacer? Tomar la resolucin de pertenecer al pequeo nmero de los que se salvan. Vosotros diris: Si Cristo quera condenarme, entonces por qu me cre? Silencio, lengua precipitada! Dios no cre a nadie para condenarlo; sino que aquel que est condenado, est condenado porque quiere estarlo. Por lo tanto, voy a tratar de defender la bondad de mi Dios y de absolverla de toda culpa: esto ser el tema de mi segundo punto.

Antes de continuar, vamos a reunir a un lado todos los libros y todas las herejas de Lutero y Calvino, y en el otro lado los libros y las herejas de los pelagianos y semipelagianos, y vamos a quemarlos. Algunos destruyen la gracia, otros la libertad, y todos estn llenos de errores; as que los echamos en el fuego. Todos los condenados tienen en frente suyo el orculo del profeta Oseas, "Tu condena proviene de ti", de modo que podis entender que todo el que est condenado, est condenado por su propia malicia y porque quiere estar condenado.

Primero vamos a tomar estas dos verdades innegables como base: "Dios quiere que todos los hombres se salven," "Todos se encuentran en necesidad de la gracia de Dios". Ahora, si me mostris que Dios quiere salvar a todos los hombres, y que para ello les da a todos ellos Su gracia y todos los dems medios necesarios para obtener este fin sublime, estaris obligados a aceptar que quien est condenado debe imputarlo a su propia malicia, y que si el mayor nmero de Cristianos son condenados, es porque quieren serlo. "Tu maldicin proviene de ti; tu ayuda es slo en M."

Dios Quiere que Todos los Hombres se Salven

En un centenar de lugares en las Sagradas Escrituras, Dios nos dice que es realmente su deseo el de salvar a todos los hombres. "Es acaso mi voluntad que el pecador muera, y no que se convierta de sus caminos? ... Vivo yo, dice el Seor. Yo no deseo la muerte del pecador. Si se convierte, vivir". Cuando alguien quiere algo mucho, se dice se est muriendo del deseo. Pero Dios ha querido y an quiere nuestra salvacin, tanto, que muri de deseo, y sufri la muerte para darnos vida. Esta voluntad de salvar a todos los hombres no es por lo tanto una voluntad superficial y aparente en Dios; es una voluntad real, efectiva, y beneficiosa; porque l nos da los medios ms adecuados para ser salvos. Nos los da con la intencin de que podamos obtener su efecto. Y si no lo obtenemos, se muestra afligido y ofendido por ello.

Es ms, porque Dios ve que ni siquiera podemos hacer uso de Su gracia sin Su ayuda, l nos da otras ayudas; y si continan ineficaces, es nuestra culpa; porque con estas mismas ayudas, se puede abusar y ser condenados con ellas, ms otro con ellas puede hacer el bien y ser salvo.

San Agustn exclama: "Si, por tanto, alguien se aparta de la justicia, ste es llevado por su libre voluntad, encabezada por su concupiscencia, engaado por su propia conviccin". Pero para aquellos que no entienden teologa, esto es lo que les tengo que decir: Dios es tan bueno que cuando ve a un pecador corriendo a su ruina, corre detrs de l, le llama, le suplica y lo acompaa hasta las puertas del Infierno, qu no har para convertirlo?. Le enva buenas inspiraciones y pensamientos santos, y en caso de que no saque provecho de ellos, l se enoja y se indigna, l le persigue. Le golpear? No, l golpea el aire y lo perdona. Pero el pecador no se convierte todava. Dios le enva una enfermedad mortal. Sin duda, es todo para l. No, hermanos, Dios lo cura; el pecador se obstina en el mal, y Dios en su misericordia, busca otro camino; l le da un ao ms, y cuando ste ao pasa, es ms, le concede otro.

Pero si el pecador todava quiere arrojarse al Infierno a pesar de todo esto, qu hace Dios?, le abandona? No, l lo toma de la mano, y mientras que l tiene un pie en el Infierno y el otro fuera, l le predica y le implora que no abuse de Sus gracias. Ahora les pregunto, si ese hombre es condenado, no es cierto que es condenado en contra de la voluntad de Dios y porque quiere ser condenado. Pecador ingrato, aprende hoy que si eres condenado, no es Dios quien tiene la culpa, sino eres t y tu propia voluntad.

Hermanos, debis saber que la creencia ms antigua es la Ley de Dios, y que todos la llevamos escrita en nuestros corazones; que se puede aprender sin maestro, y que basta con tener la luz de la razn para conocer todos los preceptos de esta Ley. Por eso incluso los brbaros se escondieron cuando cometieron pecado, porque saban que estaban haciendo mal; y que son condenados por no haber observado la ley natural escrita en sus corazones: porque si la hubieran observado, Dios habra hecho un milagro en lugar de dejarlos que fueran condenados. l les habra enviado a alguien para que les enseara y les hubiera dado otras ayudas, de las que se hicieron indignos por no vivir en conformidad con las inspiraciones de su propia conciencia, que nunca dej de advertirles del bien que deberan hacer y el mal que deberan evitar. As que es su conciencia, la que los acus en el Tribunal de Dios, y les dice constantemente en el Infierno, "tu condena proviene de ti." Ellos no saben qu responder y se ven obligados a confesar que son merecedores de su suerte. Ahora bien, si estos infieles no tienen excusa, habr alguna para un catlico que tena tantos sacramentos, tantos sermones, tantas ayudas a su disposicin? Cmo se atreve a decir: "Si Dios iba a condenarme, por qu me ha creado?". Cmo se atrevera a hablar de esta manera, cuando Dios le da tantas ayudas para ser salvo? As que terminemos frustrndole.

Vosotros, que estis sufriendo en el abismo, contestadme! Hay Catlicos entre vosotros? "Por cierto que hay!" Cuntos? Que uno de ellos venga aqu! "Eso es imposible, estn demasiado abajo, y para poder hacer que ellos vengan arriba tendramos que poner todo el Infierno de cabeza; sera ms fcil detener a uno de ellos que est cayendo adentro" As pues, me dirijo a vosotros que vivs en el hbito de pecado mortal, en el odio, en el fango del vicio de la impureza, y que os acercis al Infierno cada da. Detente, y da la vuelta, es Jess quien te llama y quien, con sus heridas, as como con tantas voces elocuentes, te grita: "Hijo mo, si eres condenado, slo te puedes culpar a ti mismo: Tu condenacin proviene de ti. Alza tus ojos y ve todas las gracias con las que te he enriquecido para asegurar tu salvacin eterna. Te podra haber hecho nacer en un bosque en Babaria, que es lo que hice con muchos otros, pero Yo te hice nacer en la Iglesia Catlica; te puse un padre tan bueno, una madre excelente, con las ms puras instrucciones y enseanzas. Si eres condenado a pesar de esto, quin tiene la culpa? Tu propia culpa es, Hijo mo, tu propia culpa: Tu condenacin proviene de ti".

"Yo te poda haber echado en el Infierno despus del primer pecado mortal que cometiste, sin esperar al segundo: lo hice a tantos otros, pero fui paciente contigo, te esper durante muchos largos aos. Todava te estoy esperando hoy en la Penitencia. Si eres condenado, a pesar de todo eso, de quin es la culpa? Tu culpa es, hijo mo, tu propia culpa: Tu condena proviene de ti. T sabes cuntos han muerto ante tus propios ojos y fueron condenados, sta era una advertencia para ti. T sabes cuantos otros he puesto por el buen camino para darte el buen ejemplo. Recuerdas lo que ese excelente confesor te dijo? Yo soy el que hizo que lo dijera. No te orden cambiar tu vida, para hacer una buena confesin? Yo soy el que lo inspir. Recuerdas aquel sermn que toc tu corazn? Yo soy el que te llev ah. Y lo que pas entre t y Yo en el secreto de tu corazn que nunca podrs olvidar".

"Esas inspiraciones interiores, ese conocimiento claro, ese constante remordimiento de conciencia, te atreves a negarlos? Todas estas fueron tantas ayudas de Mi gracia, porque quera salvarte. Te las di a ti porque te amaba tiernamente. Hijo mo, hijo mo, si Yo le hubiera hablado a otros con tanta ternura como me dirijo a ti hoy, cuntas almas hubieran vuelto al camino correcto? Y t me das la espalda. Escucha lo que te voy a decir, pues estas son mis ltimas palabras: T me has costado mi sangre; si quieres ser condenado a pesar de la sangre que derram por ti, no me culpes, slo a ti mismo te puedes acusar; y por toda la eternidad, no olvides que si eres condenado a pesar de m, eres condenado porque quieres ser condenado: Tu condena proviene de ti'.

Oh, mi buen Jess, las piedras mismas se partiran al or palabras tan dulces, expresiones tan tiernas. Hay alguien aqu que quiera ser condenado, con tantas gracias y ayudas? Si hay uno, dejadle que me escuche, y que se resista si puede.

Pecadores os suplico de rodillas, con la sangre de Cristo y el Corazn de Mara, que cambiis vuestras vidas. Volved al camino que conduce al Cielo, y haced todo lo posible por pertenecer al pequeo nmero de los que se salvan. Pues bien, chate a los pies de Jesucristo, y dile, con lgrimas en los ojos y el corazn contrito:

"Seor, confieso que hasta ahora no he vivido como cristiano. No soy digno de ser contado entre tus elegidos. Reconozco que merezco ser condenado; pero tu misericordia es grande y lleno de confianza en tu gracia, Te digo que quiero salvar mi alma, aunque tenga que sacrificar mi fortuna, mi honor, y hasta mi vida, con tal que sea salvado. Si he sido infiel hasta ahora, me arrepiento, deploro, detesto mi infidelidad, te pido humildemente que me perdones por ello. Perdname, buen Jess, y tambin fortalceme, para que pueda ser salvado. Te pido no la riqueza, ni el honor ni la prosperidad; te pido una sola cosa, que salves mi alma."

Y t, oh Jess!, qu dices? Oh buen Pastor, mira a la oveja descarriada que vuelve a ti; abraza a este pecador arrepentido, bendice sus suspiros y sus lgrimas.

Hermanos, a los pies de Nuestro Seor, digmosle que queremos salvar nuestra alma, cueste lo que cueste. Pongmonos todos a decirle con los ojos llenos de lgrimas, Buen Jess, yo quiero salvar mi alma,. Oh, benditas lgrimas, benditos suspiros!

Conclusin

Hermanos, quiero despediros a todos vosotros consolados hoy. As que si preguntan mi sentimiento acerca del nmero de los que se salvan, aqu est: si hay muchos o pocos los que se salvan, digo que todo aquel que quiere ser salvo, ser salvo; y que nadie puede ser condenado si no quiere serlo. Y si bien es cierto que pocos se salvan, es porque hay pocos que viven bien.

Por lo dems, comparad estas dos opiniones: la primera afirma que son condenados el mayor nmero de Catlicos. La segunda, por el contrario, pretende que se salvan el mayor nmero de Catlicos. Imaginaos a un ngel enviado por Dios para confirmar la primera opinin, viene a decir que no slo son la mayora de los Catlicos condenados, sino que de esta reunin de todo estos aqu presentes, uno solo ser salvo. Si obedeces los mandamientos de Dios, si detestas la corrupcin de ste mundo, si abrazas la cruz de Jesucristo en un espritu de penitencia, sers ese uno que se salvar.

Ahora imagnense al mismo ngel que regrese a vosotros confirmando la segunda opinin. l os dice que no slo son la mayor parte de los Catlicos salvados, sino que de todos en esta reunin, uno solo va a ser condenado y todos los dems salvados. Si despus de esto, continas con tus usuras, tus venganzas, tus acciones criminales, tus impurezas, entonces sers se uno que ser condenado.

Cul es el uso de saber si muchos o pocos se salvan? San Pedro nos dice: "Esfurzate con las buenas obras para hacer tu eleccin segura." Cuando la hermana de Santo Toms de Aquino le pregunt qu deba hacer para ir al Cielo, ste dijo: "sers salva si deseas serlo." Yo os digo lo mismo a vosotros, y aqu est la prueba de mi declaracin. Nadie es condenado si no comete pecado mortal, eso es de la fe. Y nadie comete un pecado mortal, a menos que quiera: que es una proposicin teolgica innegable. Por lo tanto, nadie va al Infierno a menos que quiera; la consecuencia es obvia. Acaso eso no es suficiente para consolaros a vosotros? Llorad por los pecados del pasado, haced una buena confesin, no pequis ms en el futuro, y todos seris salvos. Por qu te atormentes as? Porque es cierto que hay que cometer pecado mortal para ir al Infierno, y que para cometer pecado mortal debes de querer hacerlo, y como consecuencia, nadie va al Infierno a menos que quiera. Esto no es slo una opinin, es una verdad innegable y muy reconfortante; Dios os haga entender, y que l los bendiga. Amn.



 
 
 
 
26 de Noviembre - San Leonardo de Porto Maurizio - (1676-1751) - El Pequeo Nmero de los Que Se Salvan


 
 

Este sitio es dedicado a Nuestro Seor Jesucristo
en la Santsima Virgen Mara
para la Gloria de Dios

  La Bendicin Apostlica de la Santa Sede en Roma se imparta (28 de Octubre, 2013)
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OUR FATHER

Our Father, Who Art In Heaven
Hallowed Be Thy Name.
Thy Kingdom come,
Thy Will be done
On earth as it is in Heaven.
Give us this day our daily bread
And forgive us our trespasses
As we forgive those who trespass against us.
Liberate us from all temptation[*]
And deliver us from all evil. Amen



[*] Liberate us is in keeping with the original Latin text.
       God usually does not "lead us" to temptation
       (unless we are tested),
       but gives us the grace to overcome and/or resist it
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HAIL MARY

Hail Mary, full of grace
The Lord is with thee.
Blessed art though among women,
And blessed is the fruit
Of thy womb, Jesus.
 
Holy Mary, Mary of God
Pray for us sinners
Now, and in the hour
Of our death. Amen


 
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APOSTLE'S CREED
I believe in God, the Father Almighty
Creator of Heaven and earth;
And in Jesus Christ, His Only Son, our Lord;
Who was conceived by the
[work and grace of the] Holy Ghost,[*]
Born of the Virgin Mary,
Suffered under Pontius Pilate,
Was crucified, died and was buried.
He descended into the Dead.[**]
On the third day, He rose again;
He ascended into Heaven,
And sits at the right hand of God,
the Father Almighty.
From thence he shall come to judge
the living and the dead.
 
I believe in the Holy Ghost,[*]
The Holy Catholic Church,
The communion of saints,
The forgiveness of sins.
The resurrection of the body,
And life everlasting. Amen

[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
[**] the Dead: "inferi", the underworld or the dead in Latin.
X
GLORIA

Glory be to the Father, and to the Son,
and to the Holy Ghost[*],
as it was in the beginning, is now,
and ever shall be, world without end.
Amen

[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
X
DE PROFUNDIS

Out of the depths I have cried to Thee, O Lord:
Lord, hear my voice.
Let Thine ears be attentive
to the voice of my supplication.

If thou, O Lord, wilt mark iniquities:
Lord, who shall abide it.
For with Thee there is merciful forgiveness:
and because of Thy law,
I have waited for Thee, O Lord.

My soul hath waited on His word:
my soul hath hoped in the Lord.
From the morning-watch even until night,
let Israel hope in the Lord.

For with the Lord there is mercy:
and with Him plenteous redemption.
And He shall redeem Israel
from all her iniquities.

Glory be to the Father, and to the Son,
and to the Holy Ghost[*],
as it was in the beginning, is now,
and ever shall be, world without end.
Amen

[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
X
DE PROFUNDIS

Out of the depths I have cried to Thee, O Lord:
Lord, hear my voice.
Let Thine ears be attentive to the voice
of my supplication.

If thou, O Lord, wilt mark iniquities:
Lord, who shall abide it.
For with Thee there is merciful forgiveness:
and because of Thy law,
I have waited for Thee, O Lord.

My soul hath waited on His word:
my soul hath hoped in the Lord.
From the morning-watch even until night,
let Israel hope in the Lord.

For with the Lord there is mercy:
and with Him plenteous redemption.
And He shall redeem Israel
from all his iniquities.

V. Eternal rest give unto them, O Lord.
R. And let perpetual light shine upon them.
V. From the gate of hell.
R. Deliver their souls, O Lord.
V. May they rest in peace.
R. Amen.
V. O Lord, hear my prayer.
R. And let my cry come unto Thee.
V. The Lord be with you.
R. And with Thy Spirit.

(50 days indulgence to all who pray the De Profundis with V. and R.
"Requiem aeternam" (Eternal Rest) three times a day.
Pope Leo XIII, February 3, 1888)


Let us pray:
O God, the Creator and Redeemer of all
the faithful, we beseech Thee to grant
to the souls of Thy servants the remission
of their sins, so that by our prayers
they may obtain pardon for which they long.
O Lord, who lives and reigns,
world without end. Amen

May they rest in peace. Amen

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PADRE NUESTRO

Padre Nuestro,
que estas en los Cielos
Santificado sea Tu Nombre;
Venga a nosotros tu Reino;
Hgase Tu Voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada da;
Perdona nuestras ofensas,
Como tambin nosotros
perdonamos a los que nos ofenden,
No nos dejes caer en la tentacin,
y lbranos del mal. Amén
 
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AVE MARA

Dios te salve, Mara,
llena eres de gracia;
El Seor es Contigo;
Bendita T eres
entre todas las mujeres,
Y bendito es el fruto
De tu vientre, Jess.
 
Santa Mara,
Madre de Dios,
Ruega por nosotros
pecadores,
Ahora y en la hora
De nuestra muerte.
Amn
 
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CREDO
Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo,
Su nico Hijo, Nuestro Seor,
Que fue concebido por obra
y gracia del Espritu Santo,
Naci de la Santa Mara Virgen;
Padeci bajo el poder de Poncio Pilato,
Fue crucificado, muerto y sepultado,
Descendi a los infiernos,
Al tercer da resucit de entre los muertos,
Subi a los cielos
Y est sentado a la derecha de Dios,
Padre Todopoderoso.
Desde all ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espritu Santo,
La Santa Iglesia Catlica,
La comunin de los santos,
El perdn de los pecados,
La resurreccin de la carne
Y la vida eterna. Amn
 
 
CERRAR
DE PROFUNDIS

Desde lo hondo a Ti grito, Seor; Seor,
escucha mi voz;
Estn Tus oidos atentos
a la voz de mi splica.

Si llevas cuenta de los delitos, Seor,
quin podr resistir?
Pero de ti procede el perdn,
y as infundes respeto.
Mi alma espera en el Seor.

Espera en su palabra;
mi alma aguarda al Seor,
ms que el centinela la aurora.
Aguarda Israel al Seor.

Como el centinela la aurora;
porque del Seor viene la misericordia.
la redencin copiosa;
y l redimir a Israel de todos sus delitos.

Gloria al Padre, al Hijo y al
Espritu Santo,
como es desde el principio,
es ahora y ser por los siglos de los siglos.
Amn

X
GLORIA

Gloria al Padre, al Hijo y al
Espritu Santo,
como es desde el principio,
es ahora y ser por los siglos de los siglos.
Amn

CERRAR
DE PROFUNDIS y QUE DESCANSEN EN PAZ

Desde lo hondo a Ti grito, Seor;
Seor, escucha mi voz;
Estn Tus oidos atentos a
la voz de mi splica.

Si llevas cuenta de los delitos, Seor,
quin podr resistir?

Pero de ti procede el perdn,
y as infundes respeto.
Mi alma espera en el Seor.

Espera en su palabra;
mi alma aguarda al Seor,
ms que el centinela la aurora.
Aguarda Israel al Seor.

Como el centinela la aurora;
porque del Seor viene la misericordia,
la redencin copiosa;
y l redimir a Israel de todos sus delitos.

V. Dadles, Seor, a todas las almas
el descanso eterno.
R. Y haced lucir sobre ellas
vuestra eterna luz.
V. Que en paz descansen.
R. Amn.