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Papa San León Magno - De la Ascensión del Señor
Papa San León Magno - De la Ascensión del Señor
Papa San León Magno - De la Ascensión del Señor
 
 
 


 
La Santa Trinidad y los Santos en la Gloria de Sebastiano Conca (1680-1764 ); 1730-35; www.wga.hu
 
 
 
 
De la Ascensión del Señor

Un sermon de Papa San León Magno
(Sermo 1 de Ascensione, 2-4: PL 54, 395-396)


Los días que van, oh carísimos, entre la resurrección del Señor y su ascensión no pasaron infructuosamente, sino que en ellos recibieron su confirmación grandes sacramentos y se nos revelaron grandes misterios

En estos días se nos arranca el temor de la muerte cruel y no solo del alma, sino también la inmortalidad del cuerpo se nos revela. En ellos, mediante el soplo del Señor, reciben los Apóstoles el Espíritu Santo, y al bienaventurado Apóstol Pedro, después de habérsele dado las llaves del reino de los cielos, se le encarga el pastoreo del rebaño del Señor.

En estos días se junto el Señor como compañero a dos discípulos que iban de camino, y para disipar la niebla de nuestra incertidumbre, reprende la tardanza en creer de estos hombres asustadizos y amedrentados. Sus corazones iluminados reciben la llama de la fe, y los que estaban tibios, al declararles el Señor las Escrituras, se vuelven fervorosos.

Asimismo se les abren los ojos al sentarse a la mesa y partir el Señor el pan. Mucho mas felices fueron los ojos de estos pudiendo contemplar la glorificación de la naturaleza humana del Salvador, que los de nuestros primeros padres, quienes hubieron de ver la confusión de su propio pecado.

En medio de estos y otros milagros, como los discípulos temblasen sobrecogidos del temor, a pesar de aparecérseles el Señor en medio de ellos y de haberles dicho: La paz sea con vosotros (San Lucas, 24:36) para alejar de sus pensamientos la duda que se enroscaba en su corazón (creían estar viendo un fantasma, no un cuerpo), el Salvador demuestra la falsedad de tales cavilaciones poniendo a su vista las señales de la crucifixión de sus manos y pies y les invita a que le toquen y examinen atentamente, puesto que para curar las heridas de aquellos corazones incrédulos habían sido reservadas las huellas de los clavos y de la lanza y así pudiera creerse, no con fe dudosa, sino con ciencia ciertísima, que la misma naturaleza que estuvo en el sepulcro había de sentarse juntamente con Dios Padre en su trono.

Durante todo este tiempo que transcurre entre la resurrección del Señor y su ascensión, oh amadísimos, esto procuro la providencia de Dios, esto enseñó y metió en los ojos y corazones de los suyos, que se reconociese por verdaderamente resucitado al Señor Jesucristo que era el mismo que había nacido y padecido y muerto.

Por donde los dichosos Apóstoles y todos los discípulos que se habían alarmado por la muerte de cruz y vacilaba su fe en la resurrección, de tal modo fueron reafirmados ante la evidencia de la verdad, que al subir el Señor a lo mas alto de los cielos en vez de experimentar tristeza se llenaron de una gran alegría.

Y ciertamente había motivo para gozarse de modo extraordinario e inefable al ver como en presencia de aquella santa muchedumbre una naturaleza humana subía sobre la dignidad de todas las celestiales criaturas, elevándose sobre los coros de los ángeles y a más altura que los arcángeles, no teniendo ningún límite su exaltación, ya que recibida por su eterno Padre era asociada en el trono de la gloria de aquel cuya naturaleza estaba unida con el Hijo.

Y puesto que la ascensión de Cristo constituye nuestra elevación, y el cuerpo tiene la esperanza de estar algún día donde le ha precedido la cabeza, por todo, alegrémonos, carísimos con dignos sentimientos de júbilo y gocémonos con piadosas acciones de gracias. Hoy hemos sido hechos dignos de penetrar lo interior de los cielos con Cristo, alcanzando cosas mayores por la gracia de Cristo, que lo que habíamos perdido por la envidia del diablo. Pues a los que el terrible enemigo arrojó de la felicidad de su primera vivienda (del paraíso), el Hijo de Dios, haciéndolos de su misma clase, los coloc6 a la diestra del Padre, con el cual vive y reina en unión con el Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amen.


Sermones Escogidos, Apostolado Mariano
homiletica.org


 
De la Ascensión del Señor

Un sermon de Papa San León Magno
(Sermo 1 de Ascensione, 2-4: PL 54, 395-396)


Los días que van, oh carísimos, entre la resurrección del Señor y su ascensión no pasaron infructuosamente, sino que en ellos recibieron su confirmación grandes sacramentos y se nos revelaron grandes misterios

En estos días se nos arranca el temor de la muerte cruel y no solo del alma, sino también la inmortalidad del cuerpo se nos revela. En ellos, mediante el soplo del Señor, reciben los Apóstoles el Espíritu Santo, y al bienaventurado Apóstol Pedro, después de habérsele dado las llaves del reino de los cielos, se le encarga el pastoreo del rebaño del Señor.

En estos días se junto el Señor como compañero a dos discípulos que iban de camino, y para disipar la niebla de nuestra incertidumbre, reprende la tardanza en creer de estos hombres asustadizos y amedrentados. Sus corazones iluminados reciben la llama de la fe, y los que estaban tibios, al declararles el Señor las Escrituras, se vuelven fervorosos.

Asimismo se les abren los ojos al sentarse a la mesa y partir el Señor el pan. Mucho mas felices fueron los ojos de estos pudiendo contemplar la glorificación de la naturaleza humana del Salvador, que los de nuestros primeros padres, quienes hubieron de ver la confusión de su propio pecado.

En medio de estos y otros milagros, como los discípulos temblasen sobrecogidos del temor, a pesar de aparecérseles el Señor en medio de ellos y de haberles dicho: La paz sea con vosotros (San Lucas, 24:36) para alejar de sus pensamientos la duda que se enroscaba en su corazón (creían estar viendo un fantasma, no un cuerpo), el Salvador demuestra la falsedad de tales cavilaciones poniendo a su vista las señales de la crucifixión de sus manos y pies y les invita a que le toquen y examinen atentamente, puesto que para curar las heridas de aquellos corazones incrédulos habían sido reservadas las huellas de los clavos y de la lanza y así pudiera creerse, no con fe dudosa, sino con ciencia ciertísima, que la misma naturaleza que estuvo en el sepulcro había de sentarse juntamente con Dios Padre en su trono.

Durante todo este tiempo que transcurre entre la resurrección del Señor y su ascensión, oh amadísimos, esto procuro la providencia de Dios, esto enseñó y metió en los ojos y corazones de los suyos, que se reconociese por verdaderamente resucitado al Señor Jesucristo que era el mismo que había nacido y padecido y muerto.

Por donde los dichosos Apóstoles y todos los discípulos que se habían alarmado por la muerte de cruz y vacilaba su fe en la resurrección, de tal modo fueron reafirmados ante la evidencia de la verdad, que al subir el Señor a lo mas alto de los cielos en vez de experimentar tristeza se llenaron de una gran alegría.

Y ciertamente había motivo para gozarse de modo extraordinario e inefable al ver como en presencia de aquella santa muchedumbre una naturaleza humana subía sobre la dignidad de todas las celestiales criaturas, elevándose sobre los coros de los ángeles y a más altura que los arcángeles, no teniendo ningún límite su exaltación, ya que recibida por su eterno Padre era asociada en el trono de la gloria de aquel cuya naturaleza estaba unida con el Hijo.

Y puesto que la ascensión de Cristo constituye nuestra elevación, y el cuerpo tiene la esperanza de estar algún día donde le ha precedido la cabeza, por todo, alegrémonos, carísimos con dignos sentimientos de júbilo y gocémonos con piadosas acciones de gracias. Hoy hemos sido hechos dignos de penetrar lo interior de los cielos con Cristo, alcanzando cosas mayores por la gracia de Cristo, que lo que habíamos perdido por la envidia del diablo. Pues a los que el terrible enemigo arrojó de la felicidad de su primera vivienda (del paraíso), el Hijo de Dios, haciéndolos de su misma clase, los coloc6 a la diestra del Padre, con el cual vive y reina en unión con el Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amen.


Sermones Escogidos, Apostolado Mariano
homiletica.org


 
 
 


La Santa Trinidad y los Santos en la Gloria de Sebastiano Conca (1680-1764 ); 1730-35; www.wga.hu
 
De la Ascensión del Señor

Un sermon de Papa San León Magno
(Sermo 1 de Ascensione, 2-4: PL 54, 395-396)


Los días que van, oh carísimos, entre la resurrección del Señor y su ascensión no pasaron infructuosamente, sino que en ellos recibieron su confirmación grandes sacramentos y se nos revelaron grandes misterios

En estos días se nos arranca el temor de la muerte cruel y no solo del alma, sino también la inmortalidad del cuerpo se nos revela. En ellos, mediante el soplo del Señor, reciben los Apóstoles el Espíritu Santo, y al bienaventurado Apóstol Pedro, después de habérsele dado las llaves del reino de los cielos, se le encarga el pastoreo del rebaño del Señor.

En estos días se junto el Señor como compañero a dos discípulos que iban de camino, y para disipar la niebla de nuestra incertidumbre, reprende la tardanza en creer de estos hombres asustadizos y amedrentados. Sus corazones iluminados reciben la llama de la fe, y los que estaban tibios, al declararles el Señor las Escrituras, se vuelven fervorosos.

Asimismo se les abren los ojos al sentarse a la mesa y partir el Señor el pan. Mucho mas felices fueron los ojos de estos pudiendo contemplar la glorificación de la naturaleza humana del Salvador, que los de nuestros primeros padres, quienes hubieron de ver la confusión de su propio pecado.

En medio de estos y otros milagros, como los discípulos temblasen sobrecogidos del temor, a pesar de aparecérseles el Señor en medio de ellos y de haberles dicho: La paz sea con vosotros (San Lucas, 24:36) para alejar de sus pensamientos la duda que se enroscaba en su corazón (creían estar viendo un fantasma, no un cuerpo), el Salvador demuestra la falsedad de tales cavilaciones poniendo a su vista las señales de la crucifixión de sus manos y pies y les invita a que le toquen y examinen atentamente, puesto que para curar las heridas de aquellos corazones incrédulos habían sido reservadas las huellas de los clavos y de la lanza y así pudiera creerse, no con fe dudosa, sino con ciencia ciertísima, que la misma naturaleza que estuvo en el sepulcro había de sentarse juntamente con Dios Padre en su trono.

Durante todo este tiempo que transcurre entre la resurrección del Señor y su ascensión, oh amadísimos, esto procuro la providencia de Dios, esto enseñó y metió en los ojos y corazones de los suyos, que se reconociese por verdaderamente resucitado al Señor Jesucristo que era el mismo que había nacido y padecido y muerto.

Por donde los dichosos Apóstoles y todos los discípulos que se habían alarmado por la muerte de cruz y vacilaba su fe en la resurrección, de tal modo fueron reafirmados ante la evidencia de la verdad, que al subir el Señor a lo mas alto de los cielos en vez de experimentar tristeza se llenaron de una gran alegría.

Y ciertamente había motivo para gozarse de modo extraordinario e inefable al ver como en presencia de aquella santa muchedumbre una naturaleza humana subía sobre la dignidad de todas las celestiales criaturas, elevándose sobre los coros de los ángeles y a más altura que los arcángeles, no teniendo ningún límite su exaltación, ya que recibida por su eterno Padre era asociada en el trono de la gloria de aquel cuya naturaleza estaba unida con el Hijo.

Y puesto que la ascensión de Cristo constituye nuestra elevación, y el cuerpo tiene la esperanza de estar algún día donde le ha precedido la cabeza, por todo, alegrémonos, carísimos con dignos sentimientos de júbilo y gocémonos con piadosas acciones de gracias. Hoy hemos sido hechos dignos de penetrar lo interior de los cielos con Cristo, alcanzando cosas mayores por la gracia de Cristo, que lo que habíamos perdido por la envidia del diablo. Pues a los que el terrible enemigo arrojó de la felicidad de su primera vivienda (del paraíso), el Hijo de Dios, haciéndolos de su misma clase, los coloc6 a la diestra del Padre, con el cual vive y reina en unión con el Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amen.


Sermones Escogidos, Apostolado Mariano
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Papa San León Magno (400-461) - De la Ascensión del Señor

 
 

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X
OUR FATHER

Our Father, Who Art In Heaven
Hallowed Be Thy Name.
Thy Kingdom come,
Thy Will be done
On earth as it is in Heaven.
Give us this day our daily bread
And forgive us our trespasses
As we forgive those who trespass against us.
Liberate us from all temptation[*]
And deliver us from all evil. Amen



[*] Liberate us is in keeping with the original Latin text.
       God usually does not "lead us" to temptation
       (unless we are tested),
       but gives us the grace to overcome and/or resist it
X
HAIL MARY

Hail Mary, full of grace
The Lord is with thee.
Blessed art though among women,
And blessed is the fruit
Of thy womb, Jesus.
 
Holy Mary, Mary of God
Pray for us sinners
Now, and in the hour
Of our death. Amen


 
X
APOSTLE'S CREED

I believe in God, the Father Almighty Creator of Heaven and earth;
And in Jesus Christ, His Only Son, our Lord;
Who was conceived by the
[work and grace of the] Holy Ghost,[*]
Born of the Virgin Mary,
Suffered under Pontius Pilate,
Was crucified, died and was buried.
He descended into the Dead.[**]
On the third day, He rose again;
He ascended into Heaven,
And sits at the right hand of God,
the Father Almighty.
From thence he shall come to judge
the living and the dead.
 
I believe in the Holy Ghost,[*]
The Holy Catholic Church,
The communion of saints,
The forgiveness of sins.
The resurrection of the body,
And life everlasting. Amen


[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
[**] the Dead: "inferi", the underworld or the dead in Latin.
X
GLORIA

Glory be to the Father, and to the Son,
and to the Holy Ghost[*],
as it was in the beginning, is now,
and ever shall be, world without end.
Amen

[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
X
DE PROFUNDIS

Out of the depths I have cried to Thee, O Lord:
Lord, hear my voice.
Let Thine ears be attentive
to the voice of my supplication.

If thou, O Lord, wilt mark iniquities:
Lord, who shall abide it.
For with Thee there is merciful forgiveness:
and because of Thy law,
I have waited for Thee, O Lord.

My soul hath waited on His word:
my soul hath hoped in the Lord.
From the morning-watch even until night,
let Israel hope in the Lord.

For with the Lord there is mercy:
and with Him plenteous redemption.
And He shall redeem Israel
from all her iniquities.

Glory be to the Father, and to the Son,
and to the Holy Ghost[*],
as it was in the beginning, is now,
and ever shall be, world without end.
Amen

[*] Holy Ghost: may be substituted with the current Holy Spirit.
X
DE PROFUNDIS

Out of the depths I have cried to Thee, O Lord:
Lord, hear my voice.
Let Thine ears be attentive to the voice
of my supplication.

If thou, O Lord, wilt mark iniquities:
Lord, who shall abide it.
For with Thee there is merciful forgiveness:
and because of Thy law,
I have waited for Thee, O Lord.

My soul hath waited on His word:
my soul hath hoped in the Lord.
From the morning-watch even until night,
let Israel hope in the Lord.

For with the Lord there is mercy:
and with Him plenteous redemption.
And He shall redeem Israel
from all his iniquities.

V. Eternal rest give unto them, O Lord.
R. And let perpetual light shine upon them.
V. From the gate of hell.
R. Deliver their souls, O Lord.
V. May then reset in peace.
R. Amen.
V. O Lord, hear my prayer.
R. And let my cry come unto Thee.
V. The Lord be with you.
R. And with Thy Spirit.

(50 days indulgence to all who pray the De Profundis with V. and R.
"Requiem aeternam" (Eternal Rest) three times a day.
Pope Leo XIII, February 3, 1888)


Let us pray:
O God, the Creator and Redeemer of all
the faithful, we beseech Thee to grant
to the souls of Thy servants the remission
of their sins, so that by our prayers
they may obtain pardon for which they long.
O Lord, who lives and reigns,
world without end. Amen

May they rest in peace. Amen

X
PADRE NUESTRO

Padre Nuestro,
que estas en los Cielos
Santificado sea Tu Nombre;
Venga a nosotros tu Reino;
Hágase Tu Voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
Perdona nuestras ofensas,
Como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden,
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén
 
X
AVE MARÍA

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
El Señor es Contigo;
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
Y bendito es el fruto
De tu vientre, Jesús.
 
Santa María,
Madre de Dios,
Ruega por nosotros
pecadores,
Ahora y en la hora
De nuestra muerte.
Amén
 
X
CREDO

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo,
Su único Hijo, Nuestro Señor,
Que fue concebido por obra
y gracia del Espíritu Santo,
Nació de la Santa María Virgen;
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
Fue crucificado, muerto y sepultado,
Descendió a los infiernos,
Al tercer día resucitó de entre los muertos,
Subió a los cielos
Y está sentado a la derecha de Dios,
Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
La Santa Iglesia Católica,
La comunión de los santos,
El perdón de los pecados,
La resurrección de la carne
Y la vida eterna. Amén
 
 
X
DE PROFUNDIS

Desde lo hondo a Ti grito, Señor; Señor,
escucha mi voz;
Estén Tus oidos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor.

Espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarda Israel al Señor.

Como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia.
la redención copiosa;
y Él redimirá a Israel de todos sus delitos.

Gloria al Padre, al Hijo y al
Espíritu Santo,
como es desde el principio,
es ahora y será por los siglos de los siglos.
Amén

X
GLORIA

Gloria al Padre, al Hijo y al
Espíritu Santo,
como es desde el principio,
es ahora y será por los siglos de los siglos.
Amén

X
DE PROFUNDIS

Desde lo hondo a Ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
Estén Tus oidos atentos a
la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor.

Espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarda Israel al Señor.

Como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y Él redimirá a Israel de todos sus delitos.

V. Dadles, Señor, a todas las almas
el descanso eterno.
R. Y haced lucir sobre ellas
vuestra eterna luz.
V. Que en paz descansen.
R. Amén.